campo de batalla

El verbo «presumir»


En política, uno es culpable hasta que se demuestra lo contrario. Es el populista baremo que estableció la llamada nueva política. Eso, hasta que llega el día en el que investigan a uno de los nuestros. Ayer, el concejal Jorge Duarte (Compostela Aberta) anunció que no dimitirá tras conocerse que un juzgado lo investiga por presuntamente haber cometido trato de favor. ¿Inocente o culpable? ¿Corrupto o incorruptible? En realidad, esto es lo de menos, porque así lo han querido ellos, los Duarte de turno, cuando quienes soportaban, y soportan, la pena de telediario son del PSOE o del PP. Al calor de sus imputaciones surgieron y se desarrollaron estos nue-viejos partidos, una combinación de nacionalistas y no nacionalistas renegados y escindidos, ¿líderes? vecinales y ¿activistas? diversos. Llegaron anunciando que iban a cambiar los viejos hábitos, que a la mínima sospecha se apartarían y volverían a su quehacer profesional, porque no son casta, porque tienen código ético, porque han venido para servir y no para servirse, porque la poltrona no es un fin, es un medio incómodo para repartir, por ejemplo, felicidad; porque no quieren vivir de la política (sacrificio con el que pierden ingresos y privilegios, que quede alto y claro, braman), sino practicar políticas para que «la gente» (y hay gente y no-gente) pueda vivir mejor. Presunción viene de presumir. Y hablando de presumir, hay dichos que carga el diablo: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

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