El maquinista estuvo distraído entre 3 y 7 km antes del accidente

I. Carballo / J. M. Pan REDACCIÓN / LA VOZ

OURENSE CIUDAD

maqui.Francisco José Garzón sale de los juzgados de Santiago tras quedar en libertad con cargos
Francisco José Garzón sale de los juzgados de Santiago tras quedar en libertad con cargos Lavandeira Jr

Los investigadores calculan que fue la distancia que el tren recorrió sin control. Garzón declaró ante el juez que pensó que estaba en un tramo anterior

30 jul 2013 . Actualizado a las 18:00 h.

Error humano. El atestado policial del trágico accidente ferroviario de Angrois no deja lugar a la duda al atribuir al maquinista la responsabilidad del descarrilamiento de la curva de A Grandeira que hasta el momento costó la vida a 79 personas. Y así lo asumió también el propio Francisco José Garzón, un experimentado ferroviario de 52 años que admitió ante el juez Luis Aláez que se distrajo, que pensó que se encontraba en otro tramo del trayecto de la línea Ourense-Santiago, que se confundió de túnel y que por lo tanto creía que aún no había llegado a la curva de Angrois, a apenas cuatro kilómetros de la estación de Santiago. Esa confusión fue mortal. Cuando descubrió dónde estaba ya era tarde. Los especialistas que están investigando cómo se produjo el accidente calculan que el convoy pudo circular entre 3 y 7 kilómetros sin la dirección del maquinista debido a ese momento de despiste.

Garzón asegura que intentó frenar, pero ya no había nada que hacer, completar el trazado en curva fue imposible a 190 kilómetros por hora. Esa es la velocidad a la que el maquinista aseguró que circulaba por una zona limitada a 80 cuando descarriló con el tren al que se subió en la estación de Ourense para ponerse a los mandos en sustitución del otro maquinista, que hasta Angrois viajó en otro vagón y que resultó herido. Al comunicar el accidente a la central de tráfico ferroviario, aseguró que iba a 190. Lo dijo desde la cabina semivolcada antes de añadir: «¿Qué voy a hacer, qué voy a hacer? Somos humanos». Esa conversación quedó grabada -no en la caja negra, que se abrirá hoy-, y así figura en el atestado del accidente, como también figura que les confesó lo mismo a altos mandos policiales que estaban en el lugar a los pocos minutos del siniestro.

«¡Me quiero morir!»

Evaristo Iglesias, un vecino de Angrois que ayudó al maquinista del tren Alvia justo después del accidente ferroviario de Santiago, recuerda que el conductor del convoy solo repetía: «¡Me quiero morir, no quiero ver esto!». Este vecino estaba en su casa, a apenas 20 metros de la vía. Inmediatamente se acercó al lugar del accidente y socorrió al maquinista. «Él iba con la cara ensangrentada y solo repetía que se quería morir, que no quería ver aquello y que hubiese sido mejor que le hubiera pasado a él», declaró a Efe este vecino de Angrois que será citado por la policía.

Garzón estaba abatido, dicen quienes lo vieron sangrando por la cabeza en los momentos siguientes al accidente, quienes lo vieron en el hospital y quienes lo vieron en el juzgado. Lo estaba también cuando llegó en el coche policial, esposado y escoltado. Y lo estuvo durante las cerca de dos horas que duró su comparecencia ante el magistrado del Juzgado de Instrucción número 3 de Santiago, que tras escuchar su declaración lo dejó en libertad con cargos, le retiró el pasaporte y lo inhabilitó durante seis meses para conducir trenes. Según algunas fuentes, solo el fiscal del caso, Antonio Roma, y la propia abogada de Francisco José Garzón hicieron preguntas, durantes las cuales el maquinista «se vino abajo varias veces y se echó a llorar», asegura una fuente. El maquinista declaró que se había despistado, pero no llegó a ofrecer ninguna explicación del motivo de esa distracción que le hizo perder el control de la máquina temporalmente.

Lo que tienen claro los investigadores es que Garzón estuvo siempre en la cabina. El conductor tiene que pisar siempre un dispositivo llamado de hombre muerto. Si no, el tren se frena automáticamente.