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Una pequeña y sigilosa fiesta del arte y la literatura

Vila-Matas dialoga en «Marienbad eléctrico» con la creadora Dominique Gonzalez-Foerster y ahonda en las relaciones de su obra literaria con el arte contemporáneo


Si buceamos en las afinidades electivas que han dejado huella en la trayectoria de Enrique Vila-Matas, observaremos que uno de los creadores que más han influido en la búsqueda y hallazgo de su propia voz no es en realidad un escritor, sino un artista en el sentido más expandido del término: Marcel Duchamp. Y bajo esa luz, que ya iluminó Kassel no invita a la lógica, hay que aproximarse al nuevo título de Vila-Matas, Marienbad eléctrico. Un libro -construido de nuevo en los territorios mestizos del ensayo, la memoria y la narrativa- en el que explora con feliz y leve aire duchampiano su conexión creativa y de amistad con la artista francesa Dominique Gonzalez-Foerster.

Las charlas en el café Bonaparte de París y el intercambio de correos electrónicos son el punto de partida de una interacción que se convierte en «una pequeña fiesta sigilosa» para celebrar el arte y la literatura. 

DGF se define a sí misma como «prisionera de un triángulo formado por Enrique Vila-Matas, Roberto Bolaño y W. G. Sebald», y se aferra al concepto de «literatura expandida» más allá del simple texto, como la «pintura expandida» del arte actual dinamita los límites del marco convencional y se derrama por la sala del museo en forma de escultura o instalación. Y ahí, en los entresijos de la amistad con DGF y la indagación en la creación contemporánea, comprendemos que Vila-Matas también encaja por propia elección en esa idea de literatura expandida. Una literatura que vuela por los aires las fronteras tradicionales de la narración, que desborda para beber de otros géneros, como el cine o el arte contemporáneo, para alcanzar tal vez esa vivacidad perdida que buscaba Robert Walser en el lenguaje. 

Encontramos también aquí, cómo no, las lecturas emboscadas y las citas distorsionadas que, paradójicamente, han llevado a Vila-Matas a hallar su voz genuina. Una voz que, como demuestra una vez más en este libro, el escritor se dio a sí mismo siguiendo una máxima de Gombrowicz: «Yo no era nada, por lo tanto podía permitírmelo todo». Y, como concluye Vila-Matas, de eso va precisamente el juego: «Exacto. De eso se trataba. De eso sigue tratándose. De permitírnoslo todo».

La alternativa, seguir escribiendo como si el siglo XX no hubiese existido, ya la descartó Bob Dylan en Newport al electrificar su música y atajar las críticas con una frase que adora V-M: «¿Qué pasa, aún estáis leyendo el periódico de ayer?».

Marienbad eléctrico. Narrativa. Enrique Vila-Matas. Seix Barral. 124 páginas. 16,50 euros

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