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La crisis de Podemos en Madrid destapa el pulso entre Pablo Iglesias y Errejón

Carmena ahonda en la herida al abogar por un pacto con el PSOE y Ciudadanos

madrid / la voz, 09 de marzo de 2016. Actualizado a las 16:51 h. 25

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Errejón e Iglesias, en el Congreso

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Las voces discrepantes con Pablo Iglesias aumentan. El secretario general está lejos de tener el control sobre Podemos, sacudido por importantes crisis territoriales en seis federaciones: Madrid, Galicia, Cataluña, País Vasco, La Rioja y Cantabria. Pero, además, de los ya habituales enfrentamientos entre los oficialistas y los críticos, la crisis en Madrid ha abierto grietas en la misma cúpula, entre Iglesias e Íñigo Errejón. Estas diferencias han aflorado tras la dimisión del secretario de Organización en Madrid, Emilio Delgado, próximo al numero dos de la formación morada, que al anunciar su renuncia criticó duramente a Luis Alegre, hombre de máxima confianza de Iglesias. Los partidarios de este exigieron que entregara su acta de diputado autonómico, a lo que se negó Errejón, que ha ganado la partida de momento.

El desencuentro entre el secretario general y su lugarteniente no son solo por el control del partido, sino también de fondo. Fue muy llamativo el gesto contrariado de Errejón en el debate de investidura cuando Iglesias acusó a Felipe González de tener su pasado manchado con cal viva. El portavoz de Podemos en el Congreso considera que esa agresividad perjudica el acercamiento al PSOE y, en definitiva, aleja la posibilidad de un Gobierno de izquierdas.

Pero ahí no acaban los problemas para Iglesias. La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, quien fue elegida en una lista respaldada por Podemos, partido del que se desmarcó desde el primer momento, va por libre. Llamó la atención que no se implicara en la campaña de las generales, al contrario de lo que hizo su homóloga de Barcelona, Ada Colau. Pero ahora se ha enfrentado a Iglesias en algo tan fundamental como es la negociación de los pactos. Primero se pronunció a favor de que Podemos facilitara la investidura de Pedro Sánchez, lo que causó estupor en la cúpula de la formación morada. Tras el revuelo se vio obligada a rectificar y señaló que defendía una coalición de izquierdas, en la línea marcada por Iglesias.

Acuerdo de investidura

La regidora volvió ayer a la carga y defendió un acuerdo del PSOE, Podemos y Ciudadanos para investir a Sánchez, que diferenció de la formación de Gobierno. «Los acuerdos de investidura dan una posibilidad de converger muchísimo más sutil y a su vez muchísimo más amplia para recoger diversas posturas», aseguró. Este duro golpe a la autoridad del máximo dirigente se unía al que le propinó hace unos días Carlos Jiménez Villarejo, quien fue elegido eurodiputado en las listas del partido emergente. El prestigioso ex fiscal anticorrupción criticó a Podemos por no permitir la investidura del secretario general del PSOE, lo que había impedido el objetivo fundamental, que «Rajoy se vaya a la calle».

Rebelión en Cataluña

Pero los problemas más preocupantes son los internos. En los últimos meses han caído seis secretarios generales autonómicos, ya sea por dimisión o por destitución desde Madrid. Cataluña, Galicia y Cantabria están dirigidas por gestoras. La crisis que puede tener más recorrido es la que se está gestando en Cataluña y que amenaza con convertirse en una escisión. El sector crítico está forzando la convocatoria cuanto antes de un congreso para proceder a la elección de una nueva dirección. Una petición que hasta ahora ha sido desatendida por la dirección del partido, que se ampara en la coyuntura política, en pleno proceso negociador para la formación de Gobierno. En el fondo está también la intención de Ada Colau de constituir una nueva formación política.

Compromís y el partido de Iglesias se pelean por pedir que el Congreso no sea «de los diputados»

Aunque Podemos y Compromís fueron juntos a las elecciones, desde el primer día de vida parlamentaria se separaron. Y ya han llegado al malestar mutuo e incluso a la acusación de apropiarse de iniciativas ajenas. Aunque sea una que ha provocado reacciones encontradas, la de modificar la Constitución para que el «Congreso de los Diputados» pierda el apellido y se quede solo en Congreso. ¿La razón? Según los autores de la iniciativa, porque es discriminatoria para la mujer. No solo excluye a las diputadas, sino también a todas las mujeres a las que representan, argumentó Marta Sorlí, diputada de Compromís, que fue el partido que registró en la Cámara una petición en este sentido. Posteriormente, la diputada de Podemos Rosana Pastor hizo la misma reclamación en público. Y esto fue lo que provocó el malestar de la formación valenciana, que acusó al partido de Pablo Iglesias de haberse apropiado de su iniciativa y de haberlo hecho con absoluta deslealtad.

La iniciativa fue bien recibida por la mayoría de los grupos del Congreso, empezando por el PSOE, pero no cuenta con el respaldo ni del PP ni de Ciudadanos. Para el socialista Antonio Hernando, se trata de una iniciativa que «merece la pena considerar». El portavoz de Ciudadanos, Juan Carlos Girauta, dijo que en su partido «no nos planteamos» esa modificación. Más clara fue la oposición de los populares, quienes consideran que está muy lejos de ser una preocupación de «los españoles y españolas», en palabras de José Antonio Bermúdez de Castro. Y Celia Villalobos fue mucho más explícita: «Es una tontería, es que se llama así desde hace siglos, hay que cambiar las cosas serias». La vicepresidenta primera de la Cámara dijo que se había quedado «sin palabras» al conocer la petición.

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