Alvaro Siza: «La sensación es que en Portugal vivimos de nuevo en dictadura»

El arquitecto portugués advierte que «España podrá estar cerca de una situación similar»

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ÁLVARO BALLESTEROS
ÁLVARO BALLESTEROS

El arquitecto portugués Alvaro Siza, premio Priztker al conjunto de su obra, dice tener «últimamente» la sensación de que en su país «de nuevo» vive «en dictadura». Siza intervino hoy, con una entrevista grabada, en la VIII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (BIAU), que se celebra en Cádiz y a la que no ha podido asistir debido a que en julio se fracturó un brazo.

En la entrevista, Siza, de 79 años, reniega de que se le considere un patriarca de los arquitectos: «el proceso de aprendizaje no termina, a no ser que termine la consciencia o que llegue la muerte». Y, a continuación, explica que el aprendizaje «más duro, más fuerte» que ha tenido «últimamente» es el de asumir la sensación de que en Portugal «de nuevo vivimos en dictadura». Se queja de que «aquí (en Portugal) tenemos una dictadura» que «aparentemente» incluye «una negociación» pero «no se ve la negociación» y apunta que «España podrá estar cerca de una situación similar».

«España podrá estar cerca de una situación similar»

El arquitecto dice que se apunta a la teoría de que la Democracia es el menor de los males, aunque pone como ejemplo la arquitectura para mostrar su desconfianza en que los partidos políticos tomen las decisiones pensando en el bien común. «Cuando una ciudad cambia la composición política dominante los proyectos anteriores son cortados la mayor parte de las veces. Hay un apetito de ruptura total que tiene que ver con intereses y con procesos de afirmación política. Yo creo que eso es muy perjudicial para la ciudad». «Lo que me impresiona -añade- es que en Portugal en general se construye mal y, a pesar de las regulaciones, parece no haber interés en construir bien».

Para Siza «la relación entre la política y la arquitectura es evidente a través de la historia», sobre todo porque es «el poder» quien hace la mayor parte de proyectos de envergadura y también porque «no se puede ser persona sin ideología y tampoco arquitecto». En su caso podría traducirse en que él encara «la participación como una parte del material del proyecto». «Cuando uno hace una casa para una familia habla, y a veces muchísimo, con el padre, con la madre, con la abuela, y ese diálogo es un alimento muy importante de la arquitectura, si no existiera habría una especie de vacío», una especie de «expropiación» que únicamente permitiría hacer «hipotéticamente» más rápido los proyectos.

Para Siza «cada trabajo tiene la misma importancia» aunque no encara los encargos de la misma forma porque le parecen «apetecibles» sólo aquellos en los que tiene «una intuición de que se va a hacer». «Si parece que no, y actualmente casi todos parece que no, ya me interesan poco».