Viviendo en una casa de cartón del centro de A Coruña

Javier Becerra
Javier Becerra A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

PACO RODRÍGUEZ

Luisa Sendón ha construido su hogar en un bajo comercial de la Galera

15 sep 2014 . Actualizado a las 15:38 h.

Desde la primavera pasada Luisa Sendón vive en el número 50 de la calle Galera. Allí, en la galería del bajo comercial que en su día acogió una zapatería, esta mujer de 55 años ha levantado su casa particular. Dividida con paredes de cartón, con un dormitorio y una suerte de sala de estar, le sirve de hogar hasta un próximo capítulo en su vida. «Mi ideal de vida no creo que sea estar en un apartamento de cartón. En cuanto pueda me iré de aquí», adelanta.

Presidida por varias plantas, cuadros pintados por ella misma y todo dentro de un cierto orden, su hogar ha llamado la atención de todos los viandantes. También de los vecinos. Con la mayoría mantiene buena relación. Algunos incluso le traen regalos. «Esta planta me la trajo una de ahí», dice señalando la de aloe vera. Otros le dejan ir al baño o ducharse. Y hay quien le lleva libros para que pase el rato. Frente a ello, están «las malas personas». Luisa dice que por ellas la calle conlleva un gran desgaste psicológico. «Vienen aquí a descargar su miseria, haciendo comentarios, que si la vagabunda, que el agujero, que si los juguetes del gato tienen bichos...».

El gato, Dono, la acompaña desde hace dos meses. «Me lo trajeron aquí casi muerto y ya no se quiso ir», explica mostrando un amor grandísimo por los animales: «Dicen que ensucian, pero yo creo que son mucho peor los chicles, por ejemplo. En las fiestas se podían ver por aquí riadas de orina de la gente que se ponía a hacer sus necesidades en la calle. ¿Quiénes son los animales?»

Próximo paso, okupar

La casa de Luisa bloquea la entrada al edificio. «No importa, nadie vive aquí», dice. «Vino una vez el dueño y me dijo que me tenía que ir, pero no volvió. Yo no hago nada malo», sostiene. E insiste en que abandonará el lugar en breve. «Voy a okupar. Lo tengo clarísimo. Ya tengo un objetivo, pero no te lo voy a decir», se ríe.

La posibilidad de alquilar un piso la descarta. «Tengo una pensión y podría pagar un alquiler de 200 o 300 euros, pero me piden un aval y no hay manera», señala. Además, tiene un problema extra: «Si veo un animal por la calle que me necesita lo tengo que llevar y eso en un piso no puede ser. Eso para mí incluye gaviota, cuervo, perro o caracol. A los de humanos de dos patas los miro mucho más», sonríe.

Con ese modo de vida lleva años. A Luisa se le torció todo a finales de los ochenta. «Estudiaba Artes y Oficios y usaba anfetaminas para estudiar. Corté con ellas, empecé a tomar alcohol y me dio una crisis esquizofrénica». Desde entonces anda dando tumbos de un lado a otro. «Más que una trotamundos soy una trotavidas», resume. Y admite, con cierta resignación, que lo será ya para siempre.