Energía folk en el Castrillón

La virtuosa de la gaita Cristina Pato actuó en la plaza Pablo Iglesias mientras Amizades dedicaba sus grandes baladas a María Pita

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Isabel rodó
a coruña / la voz

La música ambientó ayer varios rincones de la ciudad, convirtiéndose en la gran protagonista de una noche en la que hubo para todos los gustos. En el barrio del Castrillón se vivió una noche con mucha energía gracias al poderoso sonido de la gaita de Cristina Pato. La ourensana, famosa por fusionar con maestría el instrumento gallego con música contemporánea, congregó en la plaza de Pablo Iglesias a varios coruñeses amantes del folk.

Acompañada de un contrabajo, un acordeón y una batería, la gaiteira abrió el concierto con un tema puramente gallego para luego trasladar al público al norte de África con una melodía árabe a la que siguió su saludo al barrio. «Esta cidade ten moitos momentos especiais que marcaron a miña carreira, dentro duns días cumprirei 34 anos e non hai mellor xeito de celebralo que estar aquí», declaró. Combinando la gaita con otros instrumentos como el piano o la pandereta, Cristina Pato animó al público a ir de su mano en un viaje que recorrió «todas as linguaxes musicais» que marcaron su vida. Un viaje por todas las Cristinas, desde la de 18 años que publicó Tolemia, convirtiéndose así en la primera gaiteira en sacar un álbum a esa edad, hasta la que actualmente vive a caballo entre Estados Unidos y Galicia. Para hacer más especial este encuentro con la ciudad en la que terminó sus estudios de piano, estuvo a su lado la cantante Laura Amador, compañera indispensable en sus primeros años como intérprete. Juntas tocaron un clásico de las letras gallegas, Quen puidera namorala,  y algún bolero antes de llegar al jazz, género fundamental de su etapa en Nueva York, con el que decidió homenajear al trompetista Miles Davis. Aunque al principio el público fue llegando a la plaza de Pablo Iglesias con cuentagotas, muchos se congregaron frente al escenario a tiempo para escuchar a Cristina Pato cantar, algo poco habitual en sus conciertos, pero que funcionó igual de bien que su interpretación al piano o la particular forma que tiene de tocar la gaita.

Mientras tanto, a las 22.00 horas, la plaza de María Pita acogió el ya tradicional concierto de Amizades. Como cada verano, esta cita anual acercó a la ciudad un repertorio de carácter internacional que fusionó música sudamericana con las grandes baladas de todos los tiempos, clásicos cubanos, boleros y popurrís canarios. Sus particulares arreglos de temas como Cómo han pasado los años, O sole mio, Júrame o La negra Tomasa deleitaron a un público procedente de todos los rincones de Galicia, y lo hicieron en una plaza que su director, Enrique Rodríguez, calificó como un «marco único» para actuar. Los seguidores de la agrupación musical podrán volver a disfrutar de sus originales versiones el 23 de agosto en los jardines de Méndez Núñez.

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