Imagen:Antonio Pose, con su padre Laureano, delante de los restos de la obra de Man en Camelle.

Un constructor se ofrece para reparar gratis la casa de Man

El empresario de Camelle y su familia mantenían amistad con el artista


cee / agencia

El camariñán de Camelle Antonio Pose Carracedo tiene 50 años y lleva desde los 15 trabajando en las obras. Primero con su padre y ahora al frente de la pequeña empresa familiar. En ese tiempo pudo conocer y convivir prácticamente a diario con Manfred Gnädinger, el artistay naturalista alemán fallecido a raíz del desastre del Prestige cuyo legado desaparece casi por completo ante la vergonzosa pasividad de las Administraciones y la apatía generalizada.

Su padre, Antonio Pose Mouzo, jubilado con 83 años, fue quien realizó el entablado de la caseta de Man después de que otro albañil local le ayudase en la cimentación. Ahora Tono, como le conocen en Camelle, quiere continuar con el apoyo que siempre le mostró su familia al Alemán y se ofrece para reparar la caseta «sen cobrar un peso» y sin ánimo de lucro alguno.

La relación del constructor con el artista viene de décadas antes de su muerte. «Eu ía todos os días a correr por alí e moitas veces aínda me daba rabia atopalo porque me rompía o ritmo», recuerda en clave de humor Antonio, que pasaba mucho tiempo conversando con Man y le ayudaba en el sostenimiento de su particular museo.

«Isto é todo politiqueo barato»

Esos encuentros le permitieron comprobar que la imagen de persona asocial que siempre se le atribuyó era falsa. «Con nós sempre se portou de marabilla. Ao mellor viña buscar un saco de cemento ou calquera cousa, pero pagábao, e non miraba os cartos. Se acaso, aínda che daba algo de máis», añade, y recuerda medio en broma una deuda que le dejó al morir: «Dúas semanas antes ou así, leveille tres chimpíns de terra e xa me quería pagar as viaxes, pero eu díxenlle que seguro que lle había de facer falta máis e que xa amañaríamos, pero despois non puido ser». También recuerda cuando Man salió en el programa de José María Íñigo y como el anacoreta fue a su casa para verlo, así como las reparaciones que tuvo hacer en la puerta de la caseta después de que la Guardia Civil tuviese que romperla para acceder a ella.

Críticas

Antonio no quiere entrar en cuestiones partidarias ni polémicas, pero tampoco se muerde la lengua a la hora de expresar lo que, a su juicio, se está haciendo con el legado del artista. «Isto é todo politiqueo barato, pero facer non se fai nada. Agora xa sabemos todos como está a cousa, que non hai un peso para nada, pero xa pasaron anos nos que si había e máis non fixeron nada igual», señala el constructor, que denuncia actitudes especialmente sangrantes. «A min chegou a dicirme un concelleiro de Camariñas que o mellor que se podía facer era traer unha pala e tirar con todo», asegura.

Sin embargo, Antonio no está dispuesto a que eso ocurra y ofrece su propio trabajo y el apoyo que le puedan prestar sus empleados para adecentar lo que fue la vivienda del Alemán.

Al margen de la pasividad de las Administraciones, fundaciones y responsables que deberían ocuparse de la recuperación del museo, lo que más le molesta al constructor es lo que se ha hecho con las cenizas del fallecido. «Non entendo que apuro tiñan. Se non era no décimo aniversario, xa sería no undécimo, pero polo menos amañar algo aquilo antes e non agora andar coas cinzas dando tumbos dun lado para o outro», concluye indignado Antonio.

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