Merkel pugna por el voto indeciso ante el temor a otra gran coalición

Úrsula Moreno

INTERNACIONAL

La canciller Angela Merkel confía en arañar algunos votos más de cara al domingo explotando su faceta de mediadora internacional en la cumbre del G-20 en Pittsburgh. No en vano, una cuarta parte de los alemanes siguen sin haber decidido a quién votarán dos días antes de los comicios generales. Y una vez más, los sondeos le juegan una mala pasada a la líder cristianodemócrata. Que la canciller seguirá siendo una mujer de nombre Angela Merkel, parece seguro. Pero, ¿podrá formar Gobierno con los liberales, como es su deseo? Los sondeos le dan al tándem de conservadores y liberales un margen cada vez más estrecho.

Hoy sábado, Merkel celebrará su último gran mitin en la capital alemana. Los liberales harán lo propio, mientras que socialdemócratas, verdes y la izquierda pronunciaron sus últimos discursos ayer. No obstante, todos lucharán hasta el último minuto por el voto indeciso en un país donde no existe la jornada de reflexión. Algunos apuestan sobre todo por intensificar la campaña en la Red, como en el caso del partido ecopacifista, que por primera vez apuesta por romper la barrera del 10%. Los liberales también sienten el viento a su favor y sueñan con salir de la oposición, a la que han estado condenados en los últimos once años.

Un 35% para la CDU

Pero veamos las cifras. Varios institutos demoscópicos coincidían en darle un 35% de la intención de voto a la Unión Cristianodemócrata (CDU) y a su ala bávara de la CSU, dos puntos menos que hace unos días. Junto con los liberales del FDP, obtendrían un 48% de los votos, suficientes para gobernar. Pero un 35% no solo supondría el peor resultado en la historia de la Unión (en el 2005 cosecharon un 35,2%), sino que, dependiendo del voto socialdemócrata y liberal, podría no bastar, obligando a Merkel a reeditar cuatro años más de gran coalición. El matrimonio de conveniencia del que quiere salir como sea. Y que también su rival, Frank-Walter Steinmeier, dice que «hay que evitar a toda costa».

De cosechar tan magrísimo resultado, la moderadora de la gran coalición (el Gobierno de conservadores y socialdemócratas que se vio obligada a formar en el 2005 porque, ya entonces, falló la ansiada mayoría con los liberales), se vería obligada a dar explicaciones sobre el proceso de modernización al que ha sometido a su partido y que no comulga con el electorado más tradicional de la CDU. Los más críticos la acusan de haber socialdemocratizado el partido conservador. Es cierto que ha descubierto el potencial de los temas sociales durante la pasada legislatura. Por eso, si consigue un 37% de los sufragios, saldrá reforzada.

Con un 35%, sin embargo, «se preguntarán qué ha hecho durante los últimos cuatro años», explicaba hace unos días el experto en demoscopia y partidos políticos Gerd Neugebauer a los corresponsales acreditados en Berlín.

Declive del SPD

Si los conservadores no tienen motivos para celebrar, los socialdemócratas, menos. «El SPD no ha logrado retener al electorado que profesa valores clásicos socialdemócratas y que ahora ocupa el Partido de la Izquierda», apuntaba Neugebauer, para explicar el magro 26% (un 2% más que antes del careo televisado que enfrentó a Merkel y Steinmeier) que le conceden los sondeos al socio minoritario del Gobierno germano.

El ahora ministro de Exteriores ha visto evaporarse sus últimas posibilidades de formar un tripartito con verdes y liberales, después de que Guido Westerwelle, el jefe de los liberales del FDP, descartara el fin de semana pasado «bailar» en Berlín con otra que no fuera Merkel.