Los Gobiernos israelíes se han comprometido sucesivamente a detener el crecimiento de asentamientos y han admitido que esa es una de las principales exigencias de la hoja de ruta. Pero la expansión nunca ha parado. Desde 1967, se han levantado más de 120 colonias judías en Cisjordania y al menos doce en el territorio de Jerusalén este, anexionado unilateralmente por Israel ese mismo año. Se les suman un centenar de outpost o puestos de avanzada no autorizados.
Algunas de estas últimas colonias son las únicas que el Gobierno de Netanyahu está dispuesto a desmantelar. Se trata de conglomerados de caravanas instaladas con la intención de ser germen de nuevos asentamientos.
La semana pasada, después de que Obama recibiera a Netanyahu, uno de esos puestos de avanzada fue desmantelado, y el pasado miércoles los residentes de otros diez recibieron órdenes de desalojo.
Asentamientos autorizados
No ocurre lo mismo con los asentamientos que Israel considera legales. En algunos casos se trata de colonias habitadas por judíos con motivaciones políticas o religiosas que reclaman los territorios de Judea y Samarria. En otros muchos, los asentamientos se han convertido en enormes barrios periféricos de las grandes ciudades israelíes, especialmente atractivos por el bajo precio de la vivienda, los espacios verdes y las excelentes infraestructuras. Su presencia está tan normalizada que el Gobierno y la sociedad israelíes los llaman comunidades o vecindarios. Y cuentan entre sus vecinos con líderes políticos, como el ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman.
Son los asentamientos que el Gobierno considera autorizados y para los que reclama el derecho a un «crecimiento natural», en referencia al aumento demográfico de su población. Argumentan que existe escasez de vivienda debido a que las familias que ya residen en esos asentamientos aumentan. La explicación es cuestionable, de acuerdo a organizaciones israelíes como Peace Now. El aumento de población, aseguran, se debe a la llegada de nuevos residentes procedentes de Israel y del extranjero.
Sube así el número de colonos, estimado hoy en más de medio millón, y la toma de terrenos. Y se va conformando el «archipiélago palestino de Palestina oriental», tal y como el francés Julien Bousac ilustraba recientemente la situación.
Los enclaves palestinos se han convertido en auténticas islas rodeadas de un mar de asentamientos, carreteras de uso exclusivo y zonas militares controladas por Israel. Resulta difícil imaginar que ese archipiélago pueda convertirse algún día en un Estado.