A la puerta de la Terminal 2 del aeropuerto José Martí, en La Habana, Irma Madruga espera a su hija y a su nieta, que llegan desde Miami después de tres años. «No habían podido venir antes por las leyes norteamericanas. Oí un runrún de que ya habían quitado esas limitaciones, ojalá así sea, para verlas más a menudo», dice.
Como la de Irma, cientos de miles de familias cubanas de ambas orillas podrán tener ahora un contacto más frecuente, gracias a la norma recién firmada por Barack Obama. Entre otras cosas, suaviza las restricciones para los cubanoamericanos, (impuestas por la Administración Bush) que solo podían visitar la isla cada tres años. La nueva regulación permite un viaje anual y flexibiliza el envío de dinero a los familiares.
«Muchos dependemos de las remesas que nos envían», dice Avelino Ortega, jubilado. «Así que esta medida beneficia a unas cuantas familias», añade.
Aunque se suaviza algo la legislación sobre las exportaciones a Cuba de medicinas y alimentos, eso no significa un cambio sustancial en la política de EE.?UU., que mantiene el embargo.
«Quizás vengan más cubanoamericanos, pero lo que nos hace falta es que quiten el bloqueo y permitan los viajes de turistas americanos», dice Jorge Acosta, al volante de su taxi particular. «De todos modos, creo que nuestros problemas tenemos que empezar a resolverlos nosotros mismos desde dentro, y no esperar que sea Obama quien nos saque las castañas del fuego», agrega.
El Gobierno cubano no ha tenido ninguna reacción a la aprobación en EE.?UU. del alivio de las restricciones, que tuvo escasa difusión en la prensa de la isla.