La hora del vacío en el Líbano

Ángela Rodicio

INTERNACIONAL

La sesión parlamentaria para elegir al sucesor del presidente prosirio Emile Lahoud se pospuso ayer, despertando el temor en un país de frágiles equilibrios políticos

24 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

«En la cocina libanesa existe un plato delicioso y venenoso. Es el plato del vacío. Sus ingredientes son sueños, ilusiones, campos de minas, mala voluntad, clavos y tornillos. Es el plato letal por excelencia». Así escribía el periodista libanés Gasán Charbel en el diario panárabe Al Hayat.

«Estas son horas cruciales para determinar el destino del Líbano. La puerta a una solución no ha sido todavía cerrada definitivamente; pero puede serlo en cualquier momento, abriendo el país a escenarios desastrosos que lo pueden llevar al caos, la división y el vacío», resumía Husam Kanafani en Al Jalij, el principal periódico del Golfo.

Vacío es la palabra que resume la situación actual de la patria de los cedros, horas después de que el mandato del presidente, Emile Lahoud, expirara la medianoche de ayer.

Según la Constitución libanesa, que data de la fecha de su independencia, el 23 de mayo de 1926, el jefe de Estado debe pertenecer a la comunidad cristiana maronita; el primer ministro, a la musulmana suní, y el presidente del Parlamento, a la musulmana chií.

A pesar de las enmiendas sucesivas, la Carta Magna del Líbano ha conservado su carácter sectario. Y ha respetado las decisiones de reparto del poder derivadas del primer censo llevado a cabo en 1932. Entonces, los chiíes eran minoría y los maronitas, más próximos a la metrópoli (Francia), el colectivo que gozaba de mayores influencias.

Pero lo que sí se modificó fue, hace tres años, la duración del mandato presidencial, establecida en el artículo 49 de la Constitución: seis años, y nunca por dos veces consecutivas. Emile Lahoud, próximo a los líderes de Siria, de la que el Líbano es una especie de protectorado desde el final de la guerra civil -1975-1990-, agotó su período en el 2004. Damasco, temeroso de que el primer ministro de entonces, el multimillonario Rafik Hariri, desoyese sus consignas, optó por Lahoud, su enemigo acérrimo. Hariri fue asesinado en febrero del 2005. Las tropas sirias presentes en el Líbano se retiraron, pero no sus agentes secretos. Lahoud quedó convertido en su garantía de continuar determinando el panorama libanés, del que depende en gran parte la marcha de la economía siria.

Ahora, el Líbano se halla dividido en dos bloques. El del Gobierno, presidido por Fouad Siniora, mano derecha de Hariri, al alimón con el hijo de este último, Saad, líder de la Coalición 14 de Marzo, fecha de una manifestación masiva anti-Siria. Walid Jumblat, jefe de la comunidad drusa, es su aliado. Enfrentada, la oposición del 8 de marzo, por otra demostración de apoyo a Damasco. Dentro de ella: cristianos nacionalistas de Michel Aoun, musulmanes suníes y los chiíes de Hezbolá, las milicias del partido de Dios proiraní.

«Si Fouad Siniora -como marca la Constitución- toma en sus manos los poderes presidenciales, saldremos a la calle para derrocarlo», ha amenazado Hezbolá en su televisión Al Manar.

El Ejército ha salido a la calle. Su general al mando, Michel Suleimán, ha dado órdenes para que se mantenga el «orden».

La hora del vacío en el Líbano.