Decenas de tratantes buscan oro en aldeas lucenses y pagan un 50% menos de su valor

X. C. LUGO/LA VOZ.

LUGO

La crisis y la fiebre por el oro están llevando a las aldeas lucenses a decenas de tratantes que buscan piezas del cotizado metal a precios de saldo. «Antes eran os compradores de xatos os que iban de aldea en aldeas. Ahora son os de ouro», explicó ayer un joyero lucense que está al tanto de este nuevo modelo de negocio que resulta totalmente ilegal porque para llevar a cabo la adquisición de este cotizado metal es preciso disponer de una autorización administrativa y cumplir una serie de requisitos.

La Guardia Civil investiga estos días el supuesto tráfico de joyas de oro. Un hijo parece que fue el cerebro de un robo del que fue víctima su madre de alhajas valoradas por la afectada en más de 30.000 euros. Las piezas acabaron siendo vendidas en una casa de empeños de Lugo, cuyo propietario fue detenido, a un supuesto precio de ganga. El comprador podría ser acusado de un delito de receptación, aunque en el establecimiento aseguraron que habían actuado cumpliendo todos los requisitos. Además, consideran que la valoración de las joyas debería hacerla un perito para conocer su valor real y no dar por buena la realizada por la propietaria.

La media docena de personas que fue detenida por la operación fue puesta en libertad por la jueza que se encarga de la operación. La magistrada fue en la noche del jueves a la casa de empeño para ver, entre otras cosas, la cinta de vídeo que grabó la operación de compra. Según algunas fuentes, no todas las joyas adquiridas en el establecimiento aparecen.

Los compradores de oro surgen por todas las esquinas. Para muchas personas en apuros económicos el vender el reloj o la pulsera que consiguieron en su día supone una tabla de salvación para poder llegar a final de mes. Pero, evidentemente, no es oro todo lo que reluce en el negocio de la compra.

En la capital lucense hay establecimientos de compra serios, sin embargo muchos joyeros están con la mosca tras de la oreja, sobre todo desde que comenzaron a detectar que había compradores que recorrían pueblos y localidades buscando oro debajo de las piedras. «Recibimos quejas de alguna persona que nos informó de que hace solo unas semanas recibió una oferta a la puerta de casa, de un comprador que decía ser asturiano y que le pagaba a diez euros el gramo», apuntó un joyero. El precio ofrecido está muy por debajo del que se aplica actualmente y que, dependiendo de los negocios, podría pasar de los 22 euros.

«Las ventas han de hacerse, para una mayor seguridad, en establecimientos acreditados o en las joyerías de toda la vida. Es la única manera de obtener un precio más ajustado a su valor», explicó un experto. Esta misma fuente indicó que había que tener en cuenta un hecho esencial y es el relativo al peso: «Nunca se paga el peso total de un anillo. Hay que descontarle, por ejemplo, las piedras que pueda llevar incrustadas e incluso hay establecimientos en los que aplican algún descuento sobre el precio que publicitan aduciendo que se aplica por las mermas».

«Yo, a pesar de tener una joyería, no compro ninguna pieza de oro u otro metal a ningún desconocido. Sí adquiero las que puedan ofrecerme clientes habituales y lo hago porque me interesa mucho más saber que la procedencia es indudable que el negocio que pueda obtener», expresó ayer el propietario de un establecimiento.