La crisis echa el candado definitivo al 15% de bajos comerciales de Fontiñas

L.R.I. LUGO/LA VOZ.

LUGO

Un barrio es barrio cuando tiene movimiento como el que crea el ir y venir de clientes a los comercios. Y si entre un 15 y un 20% de ellos cierran en apenas dos años, la zona corre peligro. En esta situación se encuentra la Ronda das Fontiñas, una de las avenidas más transitadas de Lugo capital. En sus escasos dos kilómetros de longitud aparecen cada vez más carteles de «se alquila» y «se vende» pegados en bajos que otrora albergaron negocios más o menos prósperos. «Están cerrando tiendas en toda la ciudad, pero en Fontiñas llaman mucho la atención porque están seguidas. Esta calle es muy larga y se puede ir en coche», comentó ayer la dependienta de un puesto de alimentación.

La compleja telaraña que teje la crisis económica, con el paro, la caída del consumo y los problemas para conseguir financiación de abanderados, está poniendo contra las cuerdas a muchas tiendas que todavía resisten. «A cousa está fastidiada para todo o mundo», indica la propietaria de la pastelería Tartufi. Abrió hace 18 años y destaca: «A nosa clientela éche a mesma de sempre. Por este barrio pasa moitísima xente e nós temos clientes de todo Lugo; as nosas milfollas son moi coñecidas».

La caída de las ventas ha echado el candado a tiendas de ropa deportiva, de alimentación, de moda para el hogar, de compra-venta de vehículos..., pero también a comercios de pintura, talleres de reparación de electrodomésticos, centros de bronceado e incluso a quioscos. Algunos de los que aguantan siguen adelante con desperfectos que saltan a la vista, como escaparates rotos, letreros fundidos o paredes que piden a gritos una mano de pintura. «Dicen que el que supera esto [la crisis], será más fuerte. Ahora tocan las verdes, pero después vendrá la época de las maduras», sostiene la empresaria Zully Mari Galantón, propietaria de una tienda de complementos en As Fontiñas.

Mucha inversión y alquileres

En los años de bonanza, unas tiendas cerraban y otras abrían, pero el movimiento era continuo. Al parecer, en la actualidad, las persianas de locales comerciales que bajan rara vez vuelven a subir. «Cada vez quedan más bajos vacíos y no hay gente dispuesta a montar nuevos negocios», indicaron fuentes de una inmobiliaria. «Es comprensible que la gente no se anime a abrir. Se necesita invertir mucho dinero y si el negocio no se sustenta por si solo no se puede tener abierto porque cuesta mucho», señala Galantón.

Distintas fuentes apuntan que el precio de los alquileres en As Fontiñas también frena a posibles emprendedores que desearían instalarse en el barrio. Una empresaria explicó que paga por un local de 90 metros cuadrados 700 euros, un coste fijo que para algunos es difícil de asumir. «Por uno que tenemos en una calle del centro, que mide sobre 50 metros, pagamos 500».