Dos agentes de Ribadeo llegaron a ser expedientados por el caso de los soplos a algunos dueños de los burdeles
LUGO
Cuando a principios de los años 2000, en unas escuchas, se puso de manifiesto que el dueño o los responsables de al menos un club de Ribadeo sabían de antemano cuando la Guardia Civil iba a hacer registros o redadas, porque algún agente les daba el soplo, el juzgado de Mondoñedo, al que correspondía la apertura de las diligencias, no actuó por la vía penal. Al parecer, la persona que en aquel momento se ocupaba del juzgado, entendió que lo que se ponía de manifiesto en las conversaciones no constituía ningún comportamiento delictivo. Sin embargo dio cuenta a los mandos de la Guardia Civil de lo que podría estar pasando y pidió que actuaran en consecuencia. Al mismo tiempo, exigió que se le diera constancia de cualquier decisión que pudiera ser adoptada al respecto.
Transcurrido el tiempo, la Guardia Civil abrió una investigación interna y, finalmente, expedientó a dos agentes que eran los que salían en las conversaciones como presuntos filtradores de la información oficial. Por aquel entonces, la medida no había sido bien acogida entre algunos miembros de la institución por considerar que los instructores del caso habían dejado sin ningún tipo de castigo a un mando que aparecía también en las conversaciones.
Las grabaciones, que llegaron a ser conocidas del juzgado mindoniense, fueron obtenidas en el marco de una investigación que se había establecido para seguir los pasos de un funcionario de policía que también había sido denunciado por cuestiones relacionadas con la prostitución. Como no tenían nada que ver con este asunto fueron separadas de estas diligencias.
A mayores de lo sucedido a principios de los años 2000, mandos de la Guardia Civil volvieron a tener conocimiento sobre el año 2007, que se podrían estar pasando de nuevo informaciones a los responsables de prostíbulos de la zona de Ribadeo para evitar que fuesen sorprendidos durante las redadas.