Zuruaga utiliza el autobús por necesidad, puesto que tiene que ir a ver a su marido a la residencia de Sanyres, que está entre la avenida de A Coruña y Mar Cantábrico. No tiene prisa por llegar, pero lamenta la incertidumbre de no saber nunca si ya ha pasado el autobús y lo ha perdido, si el que llega sube hacia Frigsa o si va a tener que esperar media o una hora. «Creo que tendría que haber más autobuses, sobre todo los fines de semana, que hay que esperar mucho». Dice que no entiende la información de las paradas.
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