Un huerto del geriátrico da variados cultivos por el mimo de un residente
Hay huertos ecológicos y huertos lógicos que también son ecológicos. En Vilalba, en pleno centro, hay uno que responde a esas dos características: puede lucir con creces el calificativo de ecológico porque solo recibe abonos naturales, y merece la consideración de lógico porque se usa hoy para una función que desempeñó durante años.
Ajeno a calificativos, el huerto, situado en un solar de la Fundación Hospital Asilo que da a la calle Plácido Peña y a la rúa do Cotarón, es un contraste de variedades vegetales en un entorno urbano que ha cambiado en las últimas décadas: una zona que antes quedaba algo lejos del centro de la capital chairega es hoy una parte más de la villa, entre edificios que han crecido en los últimos años a base de ladrillo y de cemento.
Tampoco parece preocuparse por los adjetivos José Ramón Martínez, que a sus 68 años se ocupa del huerto con la experiencia y la ciencia adquiridas en años de trabajos agrícolas. Fernández, natural de Castroverde, lleva 11 años en la residencia de mayores de Vilalba, en la que ha asumido el cuidado del huerto como una actividad cotidiana y fructífera.
Diversos productos
Sin prisa pero sin pausa. Ese podría ser el lema con que se trabaja el huerto, cuyos resultados requieren más una lista de sustantivos que una colección de adjetivos para ser reflejados: calabazas, pimientos, lechugas, cebollas o grelos son algunos de productos cosechados. La cocina de la residencia es su destino, aunque la cantidad recolectada no alcanza para el consumo de un centro donde viven unas 150 personas. La finca mide cuatro ferrados, que son unos 2.000 metros cuadrados.
Cada cultivo requiere su atención. Fernández explica que las calabazas resultan más delicadas de cuidar, porque necesitan riego si el tiempo no viene lluvioso y mondado para eliminar malas hierbas. Lo que sí hace, sea cual sea la planta, es comprar en el mercado semillas traídas de Mondoñedo, de donde suelen acudir vendedores dos veces por semana.
Buen paladar
Fernández ha plantado este año repollos, coles, cebollas, pimientos, judías, grelos y calabazas, y ha conseguido sacar adelante todas esas plantas. Esa variedad también está en sus gustos culinarios, pues confiesa que come de todo. Su trabajo se realiza en solitario, aunque antes reunía más personal y ocupaba más espacio. En tiempos de más dificultades las monjas que atendían el asilo, denominación que ha desaparecido en favor de la Residencia de persoas maiores, sacaban de la finca parte de lo que necesitaban.
Sea cual sea el nombre del centro donde vive, lo que tampoco parece admitir dudas es la calidad de la tierra de la que salen las hortalizas. «Hainas peores», dice Fernández.
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