El veterano político lucense halló la continuidad de sus negocios en su segunda hija, que cambió una floristería por una cafetería
06 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.José Serafín Pena Souto es más conocido en Lugo por su faceta de político que por la de empresario del sector de la hostelería, pese a que ambas discurrieron de forma paralela. En la actividad a la que se dedicó en cuerpo y alma durante 42 años, primero como concejal en la capital lucense y después como diputado en el Parlamento gallego, no tiene, al menos de momento, continuidad en sus hijos. Confiesa que es conocedor de que al mayor, que es distribuidor de productos de farmacia, le gusta la política, pero él no alentó en ningún momento esta posibilidad. Es más, asegura que no le habría gustado que ninguno de sus hijos siguiera sus pasos en este campo. Una de las razones que alega es que ni la política ni los políticos son como antes y los cambios habidos han sido para peor. Una de las cosas que echa en falta es la armonía con la que dice se funcionaba antes. El político-hostelero asegura que su afán por evitar que sus hijos siguieran sus pasos como militante activo en un partido lo llevó incluso a no pedirles que le votaran en las sucesivas elecciones a las que se presentó.
Pena Souto, que acaba de reabrir junto con su hija Loly la veterana cafetería Los Tilos, en la calle Bispo Aguirre, asegura que las dos actividades sobre las que giró su vida son incompatibles. «Si te dedicas a política -asegura con convencimiento- perdes o control dos negocios». Lo dice la experiencia. Reconoce, sin embargo, que durante los años que estuvo volcado en el Ayuntamiento y en el Parlamento contó con buenos encargados que gestionaron sus intereses económicos.
Pena Souto está ahora muy contento de que la segunda de sus cuatro hijos se haya decidido a gestionar los negocios familiares. Entre otras razones porque está convencido que alguien de la familia sabrá llevarlos mejor que alguien de fuera. Loly cambió, hace cuatro años, la floristería que regentaba por la cafetería San Marcos, negocio al que acaban de sumar Los Tilos. El local permaneció los últimos ocho años alquilado y acaba de ser sometido a una reforma. Precisamente en Los Tilos y con otros dos socios fue dónde empezó en el sector de la hostelería Pena Souto, en unos años en los que este sector hizo otras aportaciones al ámbito político, como Manuel González Granxeiro, Manuel Alvariño o el propio Manuel Trabada, estos dos últimos ya fallecidos.
Después de este bar montó una cafetería restaurante en Mondoñedo, que ya no pertenece a la familia y en la avenida das Mercedes el Blanco y Negro, que cerró. La relación de negocios se completa con el bingo del Gran Hotel. A José Serafín Pena Souto, que en su calidad de empresario también regentó negocios relacionados con el juego, no le duelen prendas para confesar que pese a su condición de empresario de hostelería, nunca sirvió un vino a un cliente. Lo suyo fue siempre la gestión.