Lo que el agua no pudo llevarse

carlos cortés texto CHANTADA / LA VOZ

LEMOS

El vaciado de Belesar está destapando restos que llevaban medio siglo sumergidos

05 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El embalse de Belesar convirtió en una mina productora de electricidad el tramo del río Miño que comparten Chantada, O Saviñao y media docena de municipios más. Pero su construcción y llenado en los años sesenta anegó 2.000 hectáreas de terreno con los mejores viñedos, algunos monumentos y pueblos enteros. Los restos de lo que estaba más arriba afloran prácticamente todos los años con las oscilaciones de nivel de las épocas más secas. Otros solo se pueden ver muy de vez en cuando, con grandes bajadas de nivel debidas generalmente a necesidades de mantenimiento técnico de la presa. Como ocurre estos días, en los que el embalse está por debajo del 8% de su capacidad. Un vaciado histórico que está dejando a la vista restos que llevaban casi cincuenta años bajo el agua.

El embalse bajo mínimos dibuja un paisaje extraño y en algunos tramos espectacular. Muchos vecinos de las zonas próximas están aprovechando para curiosear en las orillas y se encuentran con algunas sorpresas. Por ejemplo, el buen estado de conservación de los caminos de la antigua ribera algunas de las construcciones que no se habían visto desde que terminó el llenado del embalse en 1963.

En la antigua aldea de Portas, por ejemplo, siguen clavadas en el suelo las cepas de los viñedos más cercanos a las casas. En la parroquia chantadina de Pesqueiras se puede ver entre Os Bacelos y A Aguieira una bodega de piedra que conserva en un sorprendente buen estado y en su sitio buena parte de las tejas y la estructura de la cubierta, de madera igual que su puerta de doble hoja, cerrada igual que la dejó su dueño. Según los vecinos, se trataba posiblemente de César do Seixo, propietario también de uno de los molinos del Asma. A él no le pasó lo mismo que a Camilo do Pascual, vecino de San Fiz y con viña en esa misma zona, que se llevó un disgusto porque el embalse se llenó más rápido de lo que esperaba y no llegó a tiempo de rescatar de su bodega un hacha que cortaba especialmente bien.

Cerca de allí, el agua queda ya muchos metros por debajo de una roca que suele estar oculta, aunque no es la primera vez que se ve. En 1965, por ejemplo, ya había quedado a la vista. En ella descansaba el 10 de marzo de aquel año José Castro Veiga, O Piloto, el último maquis antifranquista, cuando lo mató un disparo de la Guardia Civil.

En la orilla opuesta acaba de quedar al descubierto la aldea de Portomeñe, dos casas y una capilla que pertenecían a la parroquia de Reiriz, en O Saviñao. Las casas de este lugar, el mismo en el que esta semana dos vecinos vieron un oso, emergen de las aguas por primera vez con una consistencia fantasmal. En la zona cuentan que sus habitantes dejaron sus propiedades cerradas a cal y canto antes de abandonarlas. El dinero que les ofrecía Fenosa les parecía insuficiente. Fue la única protesta que se pudieron permitir.