Casa Rebollal, en Pedrafita do Cebreiro, usa desde su fundación la misma máquina para blanquear hasta cuarenta juegos de sábanas diarios para los peregrinos
05 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Desde que el 4 de enero de 1975 la Casa Rebollal, en Pedrafita do Cebreiro, abrió sus puertas al público, la misma lavadora ha funcionado prácticamente a diario. Es una Miele que está a punto de cumplir 36 años, es decir 13.140 días en los que lo único que ha cambiado ha sido la colada de los mineros por la de los peregrinos.
¿Cómo medir el trabajo que ha realizado de forma ininterrumpida a lo largo de cuatro décadas? Si su tambor fuera la rueda de una bicicleta, la lavadora habría dado miles de veces la vuelta al mundo, porque sus kilómetros se contarían por millones. No es exagerado suponer que en este largo periplo ha lavado más de 630 toneladas de ropa, teniendo en cuenta que su capacidad es de 12 kilos, calculando una media de cuatro lavados diarios, que pueden ser hasta siete, en los días de más trabajo. Todo sin ninguna avería importante que la sacase de su rincón en el negocio.
«No verán pode chegar a lavar 40 xogos de sábanas e toallas nun día, funcionando dende as oito da mañán á unha do mediodía. Se podo, póñoa eu e non deixo que a toque ninguén, porque se me faltase levaría un disgusto enorme. Encántame porque é moi fácil de usar e ademais téñolle cariño», explica Sara Rebollal, la hostelera que forma un tándem indisociable con su máquina y que tiene mucho que ver con su larga vida.
El secreto, según Sara, está en el buen trato que le ha dado a lo largo de estas cuatro décadas: «As cousas hai que cuidalas e eu limpo a lavadora sempre despois de usala. Teño que recoñecer que a min os electrodomésticos dúranme moito; de feito, todavía utilizo unha freidora que tamén ten 30 anos».
Y salta a la vista que la máquina está en buenas manos, porque su acero inoxidable brilla como si acabase de salir de la fábrica. Pero a nadie se le escapa que la sociedad de consumo tiene también mucho que ver con que un electrodoméstico treintañero sea en nuestros días tan extraordinario como un abuelo en la centena. Porque la técnica ha conseguido alargar la vida de las personas hasta extremos impensables hace cuatro décadas, pero parece que poco ha podido hacer con la de las máquinas.
Sábanas impecables
Sara Rebollal no solo está encantada con la longevidad de la lavadora, sino también con su eficacia. «Todo o mundo me pregunta que lles fago as sábanas, porque as deixa impecables. Só lles boto xabón e suavizante. Iso si, do bo». Además, matiza que salen prácticamente secas y que su funcionamiento es muy sencillo. «Xa me ten dito o técnico que se compro outra, que cantos menos botóns e programas teña, mellor».
La misma máquina, el mismo piloto y también el mismo mecánico. La hostelera recuerda que nunca tuvo que llevar la lavadora a la casa. «Venme un técnico de Monforte de Miele e entre os dous nos entendemos moi ben. Ás veces a reparamos por teléfono, dame as instrucións, abro a caixa, ando nas chaves e listo, porque eu coñezo a lavadora á perfección. Se ten que vir, abre o maletín e sempre hai solución». Sara comenta que en alguna ocasión le mandaron de la casa un técnico joven: «Non a deixou ben. Se me falta o técnico, acabouse todo».
La lavadora costó entonces casi 300 mil pesetas. «Un coche non, pero casi», afirma Manuel, uno de los cinco hermanos Rebollal que regentan todavía el negocio.
De casa de los mineros a refugio de peregrinos
La Casa Rebollal cuenta con cafetería, restaurante y hotel. Fue fundada en 1974 por los seis hermanos Rebollal Díaz; Fernando, Sara, Manuel, Mari Carmen, María Dolores y Francisco, fallecido hace dos años.
Situada en el casco urbano de Pedrafita, en la propia Nacional VI, la Casa Rebollal comenzó dando servicio a los mineros de As Rubiais. El cierre de la mina coincidió con el principio del auge del Camino de Santiago y Casa Rebollal se transformó en hotel de peregrinos, que constituyen hoy en día su principal clientela, junto con los vecinos de la zona que frecuentan la cafetería. «Nunca estivemos parados; foi terminar unha cousa e comezar outra», recuerda Fernando Rebollal.
«O Camiño trae moitísima xente. Este verán estivemos a tope, e vai a máis»: Sara explica que principalmente trabajan con reservas a través de dos agencias de viajes; una de Barcelona y otra de EE.UU., que a partir de Semana Santa y durante todo el verano, envía grupos fijos «dous días á semana».