Una ruta que pasa entre viñedos y con tramos encajonados por las muras descubre los llamados Codos de Bexán, originariamente un camino romano secundario
26 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Los famosos Codos de Belesar son el legado más conocido de la red viaria de los romanos en la Ribeira Sacra, pero no la única. Muy cerca de esta ruta que desciende al Miño desde O Saviñao pasa otra complementaria, la de los Codos de Bexán. También terminan en Belesar y formaban parte de una ruta secundaria relacionada al parecer con la vía romana que unía Astorga con Braga.
Aquella antigua vía salía de Santa Mariña y atravesaba los lugares de A Vendanova, Mourelos y A Millarada. A continuación pasaba por O Souto para entrar en Bexán, después bajaba por la ribeira del Miño para empatar en Belesar con los otros codos y posteriormente cruzada el río para entrar en tierras de Chantada. Nuestra ruta arranca en el centro del pueblo de Bexán y a la derecha de la capilla de San Antonio.
En su inicio, el camino se estrecha y discurre entre muros de piedra. En ese primer tramo conserva buena parte de su calzada original. A los setenta metros, aparece una bifurcación. El camino que va a la izquierda lleva a la fuente de O Coruxo y a unas viñas situadas en el lugar de As Carraxadas. Hay que seguir por el de la derecha. Cincuenta metros más adelante, el sendero entronca con una pista de tierra en el lugar de Belarmiás. Hay que girar a la izquierda y unos pocos metros más adelante es preciso desviarse nuevamente, pero esta vez a la derecha. Este nuevo tramo del camino fue ampliado recientemente, con el objetivo de facilitar el acceso a los viñedos que ocupan toda esta zona ribereña.
Las viñas más antiguas
A los 550 metros del inicio de la ruta, el itinerario cruza el arroyo de Orxás. Curiosamente, ese regato cambia de nombre en el momento que cruza el camino. A partir de ahí pasa a llamarse arroyo de Couso hasta su desembocadura en el río Miño, previo paso por el lugar de As Lavadas.
Llegados a este punto, la senda bordea el lugar de A Viña Vella, que hace honor a su nombre por la antigüedad de sus viñas. Dicen los vecinos que son las primeras que se plantaron en esta zona de la ribeira. Otros cincuenta metros más y el itinerario deja este ancho camino. A la altura de un saliente granítico, hay que seguir hacia la izquierda y volver a la senda inicial.
En este tramo el paseo se hace entre viñedos y los altos muros que delimitan los socalcos de las viñas y encajonan la senda. A espaldas del caminante queda la aldea de Bexán, como una vigilante atalaya sobre las extensas ribeiras del Miño. Por debajo de la ruta, y a no mucha distancia, está el pueblo de Belesar, partido en dos por las aguas del Miño, tanto territorial como administrativamente, ya que la margen izquierda pertenece al municipio de O Saviñao y la derecha a Chantada.
En el kilómetro uno del recorrido está Os Lagallos. En ese lugar hay que cruzar un arroyo que nace en el lugar de O Pombar. Es pequeño y sin apenas caudal, pero resulta suficiente para abastecer de agua a las viñas entre las que se va abriendo paso. Cien metros más adelante el camino llega a una pista asfaltada, a la altura de la conocida como Casa do Fortes. Hay que seguir por ella unos cincuenta metros para retomar de nuevo el camino original, que sale a la izquierda de la pista. Solo restan doscientos metros para entrar en el pintoresco pueblo de Belesar, y a la derecha queda una de las bodegas más antiguas de la localidad; la bodega de A Casa do Casanova.
En el pueblo partido en dos por el Miño confluyen esta ruta y su hermana más célebre, la de los Codos de Belesar que buscan el río desde las alturas de Diomondi.
Hasta cien kilos a la espalda
Manuel Rodríguez, vecino de O Souto, recuerda haber transitado por el camino de Bexán en repetidas ocasiones cargado con cestos de uvas para las bodegas de O Cotarelo, O Leonardo, Tiatino? todas ellas situadas en Belesar. Una gran parte de las uvas que llevaba procedían de las viñas de Bexán y de Os Lagallos.
En cada cesto, cargado directamente en la espalda, sin más ayuda que la fuerza de cada uno, lo habitual era llevar alrededor de sesenta kilos de uvas. Claro que también en esto había quien destacaba y alguno de sus vecinos era capaz de transportar hasta cien kilos. Manuel recuerda a Diomondi se subía el vino en botas o pellejos de cabra de dos canados de capacidad, el equivalente a 64 litros de vino.
Los Codos de Bexán eran un itinerario habitual también para los tratantes de vacas de que iban a las ferias que se celebraban en Chantada desde las parroquias de Mourelos y Santa Mariña