Más de 50.000 personas, muchos trabajadores de la construcción, han hecho ya las primeras pruebas
10 jul 2009 . Actualizado a las 02:35 h.« Gran Hermano es un espejo de la sociedad», sigue manteniendo Mercedes Milá, maestra de ceremonias del genuino espacio de telerrealidad que inicia el 21 de julio su segunda fase de casting.
Y como reflejo de los tiempos que vivimos, si en otras ediciones acudieron a las convocatorias transexuales o mujeres víctimas de malos tratos, la undécima edición, que llegará este otoño, está marcada por la crisis. Entre las 50.000 personas que han acudido hasta el momento a las primeras pruebas se encuentran muchos trabajadores de la construcción que, por lo que se ve, quieren capear el temporal introduciéndose en la casa mediática instalada en Guadalix de la Sierra. No en vano están en juego los 300.000 euros de premio para el ganador, pero, además, el programa entrega una cantidad a los que logran entrar en la casa como compensación a las actividades que pudieran desarrollar fuera en ese tiempo.
«Buscamos gente que disfrute, que quieran vivir la experiencia de verdad, que no vengan para ganar dinero ni fama, sino que se contenten con la convivencia», argumenta la directora del programa, Pepa Álvaro. Claro que, como zanja Mercedes Milá, «que no busquen la fama es imposible». Sí se descarta aquellos que quieren estar en la vivienda un par de semanas para «sembrar» y luego irse para ventilar sus cuitas en los medios, la búsqueda de dinero y de notoriedad es uno de los denominadores comunes del programa.
Todo por salir en la tele
Más de 700.000 personas han intentado entrar en GH en estos diez años de programa. Gente variopinta que, como recuerdan los encargados de realizar los castings, llegan a las convocatorias dispuestos a desnudarse, cantar, bailar o hacer el pino con tal de entrar en el codiciado reducto escrutado por las cámaras. Se recuerda así el caso de un hombre de Gijón que llegó al hotel donde se celebraba la criba diciendo que tenía que entrar en el concurso porque había matado a su suegra para ello. Ante la perplejidad del equipo, luego explicó que había dicho en el trabajo que su suegra había muerto con tal de escaparse para hacer la prueba.
El paro aviva también el interés por buscarse la vida ante las cámaras, como intentan ahora tantos trabajadores de la construcción, el sector más azotado por la crisis. «Pero también hay madres que quieren quitarse a sus hijos de encima al menos durante tres meses y que llaman para inscribirlos», dicen desde el programa.
No hay límite de edad. El único requisito es ser mayor de 18 años. Y el aluvión de interesados es incontenible. En las pruebas se llegan a ver mil personas por día. En este curso, se combinarán las selecciones en hoteles con otras convocatorias en discotecas a lo largo de julio y agosto. El casting recorrerá las ciudades de Málaga, Santiago de Compostela, Sevilla, Bilbao, Gijón, Zaragoza, Valencia, Murcia, Barcelona, Palma de Mallorca y Las Palmas de Gran Canaria.