Las universidades gallegas se han salvado de la sangría que experimentaron otras instituciones y organismos en el reparto de fondos de la Xunta, pero lo que está claro es que su presupuesto para este año no ha crecido, y por lo tanto tendrán que apretarse, y mucho, el cinturón. Lo han notado los investigadores sobradamente y los planes de sostenibilidad que han tenido que elaborar los tres equipos rectorales.
Pero por mucho que la crisis apriete, hay un aspecto en donde ni Universidad ni Administración han hecho los deberes: la adaptación de los títulos a la demanda existente y a la realidad del mercado laboral. La oportunidad perfecta era Bolonia, y comenzó con buen pie, con anuncios de que no habría reiteración de titulaciones, de que las carreras se especializarían y de que no pueden mantenerse títulos con menos de veinte alumnos. De hecho, un informe del Consello Galego de Universidades ponía nombres y apellidos, 25 alumnos para aquellas carreras que ya existen en Galicia, y 40 como mínimo para las que quieren implantarse ex novo.
El informe, sin embargo, no era vinculante y cabían excepciones. Y cupieron, claro que cupieron. Hubo una readaptación de filologías y magisterios, pero el prólogo del nuevo plan de financiación de Xunta y universidades lo recoge claramente: no ha habido una adecuación de la oferta a la realidad social y laboral. El propio secretario xeral de Universidades lo reconocía públicamente en una entrevista: «Ver a corto plazo hizo que se perdiese una oportunidad».
La Xunta comienza ahora a ponerle el cascabel al gato. Los másteres de menos de cinco alumnos se suprimirán. Con el nuevo espacio europeo de la educación estos estudios son oficiales, es decir, cuentan con financiación pública. Antes, su mantenimiento dependía de lo que pagasen los alumnos y de algunas ayudas, pero ahora se sostienen en los recursos públicos. ¿Cabe mantenerlos con menos de cinco alumnos? ¿Y los grados, cabe que sigan existiendo con ocho alumnos por curso? Puede que sea una tendencia reversible, pero ¿y si llevan una década en la misma tendencia?