La Policía Judicial buscaba ayer en media docena de tumbas del cementerio de Toba, en Cee, el cuerpo del empresario desaparecido antes de su exhumación
Hace tres meses que se inició en el cementerio de Toba, en Cee, una historia a la que cuesta ponerle final. El pasado 20 de noviembre, funcionarios de los juzgados de Corcubión acudieron al cementerio parroquial a exhumar los restos de Crisanto López Míguez, un empresario muxián que llevaba dos años enterrado. El motivo de la exhumación era la realización de pruebas de ADN por una demanda de paternidad presentada por Manuel Enrique Caamaño Vidal. Hasta ahí, todo resulta más o menos normal. Las exhumaciones con ese fin son relativamente frecuentes en los juzgados. Pero los de Corcubión se encontraron la tumba vacía.
Desde entonces se busca al difunto en un proceso judicial abierto en paralelo al civil por la demanda de paternidad. Ayer se vivió el último capítulo del extraño culebrón. El titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Corcubión, Andrés Lago, ordenó -es la segunda vez- la apertura de nichos en el mismo cementerio por si quien se llevó el cuerpo de Crisanto decidió trasladarlo a otra tumba del mismo camposanto.
Una romería
Para tales diligencias se sigue un proceso reglado. El juez remitió un oficio al cura, administrador del cementerio, para que facilitase el acceso a los funcionarios. Ya se había hecho algo similar antes, pero ayer fue distinto. El cura colgó el oficio, con la hora prevista para la investigación, en el tablón de anuncios de la iglesia de San Adrián de Toba. Además, le contó a los vecinos, en la misa del domingo, la intención del juzgado. Así que cuando ayer llegó la Guardia Civil, la Policía Judicial y los funcionarios del juzgado acompañados por el juez, se encontraron con que el entorno del camposanto se había convertido en una especie de pequeña romería.
Cerca de un centenar de vecinos presenciaron en directo, desde las diez de la mañana hasta pasadas las once, el proceso de búsqueda. Mientras duraban las operaciones, los agentes de la Guardia Civil se encargaron de impedir el acceso al cementerio. Entonces, la valla baja del perímetro se convirtió en una improvisada grada desde la que muchos siguieron gran parte de los trabajos.
El público se quedó, sin embargo, sin el final esperado. Tras casi dos horas de trabajo y tras revisar media docena de nichos, la cosa acabó igual que empezó: sin rastro de Crisanto López. Se le buscó en varias tumbas cerradas pero no ocupadas. Semanas atrás se había abierto otro nicho en el mismo panteón con idéntico resultado.
Se diluye así la hipótesis que apuntaba a que quien quitó cuerpo y ataúd del nicho se había ahorrado el mal trago de llevárselo para optar por la vía más sencilla: meterlo en otra tumba vacía del mismo cementerio.
Al parecer, quien hizo el trabajo lo hizo a conciencia y se llevó el cuerpo de Toba con destino desconocido. Desde el principio se apuntó hacia la familia del difunto y su escaso interés en repartir una cuantiosa herencia con un hijo no reconocido. Siempre lo negaron.
Pocas posibilidades
Segundo intento y segundo chasco. Cada vez son menos las posibilidades de que aparezca Crisanto López y todo apunta a que en breve se archivará el caso al no localizarse el cadáver. Sin él, solo hay una posibilidad de que Manuel Enrique Caamaño Vidal demuestre que el empresario muxián era su padre: conseguir que alguno de sus descendientes legítimos acceda a que le tomen muestras de ADN. Por ahora parece que no va a ser así.
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