El juez escuchó a los testigos que fueron a un juicio por secuestro y robo en febrero del 2004. Y cuando quedó claro que uno de los acusados nada tenía que ver con el asunto, se dirigió a él diciéndole: «En nombre de la Justicia, sé que nada puede reparar el daño que se le ha hecho. Pero es mi deber pedirle mis más sinceras disculpas. Puede irse. Está usted absuelto». Así fueron las palabras de perdón que intentaban aliviar las semanas que un coruñés pasó en prisión debido a un cúmulo de infortunios y errores policiales.
Este joven había sido acusado de secuestrar y atracar a una mujer y su hijo en su domicilio acompañado de un compinche. La víctima lo vio en una fotografía del archivo policial -su rostro estaba ahí porque un día había ido a cobrar un cheque sin fondos que le había dado su hermano-. Pero no lo identificó como la persona que la asaltó, sino como un hombre que era cliente de su establecimiento. A pesar de ello, la policía lo detuvo y un juez lo envió a prisión. En aquellos momentos, «se me caía el mundo encima. No entendía nada. Piensas que es un sueño, que quieres despertar. Llegas a temer que todo irá en tu contra y que vas a terminar años encerrado en una cárcel», recuerda.
Aquellas palabras del juez, aunque llegaron tarde, las aplaude. «Me pidió perdón y es lo menos que podía hacer. Pero se lo agradezco. Sé que muchos que pasaron por lo mismo no recibieron disculpas. Creo que di con un buen juez. Muy humano».
Este hombre, cuando fue detenido, trabajaba como repartidor. Llevaba pescado a los supermercados de la provincia coruñesa. El día de los hechos, a la hora en la que una familia era maniatada en su propia casa, se encontraba en Ferrol. Pues tuvieron que pasar dos años, semanas de prisión incluidas, para que se escuchara a los encargados de esos establecimientos y a los responsables de su empresa para probar su inocencia.
Ramón, durante su reclusión, no hizo otra cosa que pedir que investigaran. Solicitó «mil veces» que comprobasen su ruta, sus horarios. No se hizo. «Es lamentable. Nadie pagó por lo que me hicieron. Ningún policía, ni juez, ni nadie fue expedientado».