«Hoy es un día de tristeza, hay medio pueblo llorando de pena, esto es un pueblo marinero y, para hacer estas casas hicieron falta muchas horas de trabajo en el mar», afirmaba Elías Rebollar. El portavoz de los afectados aseguró que exigirá a la Xunta que actúe por vía penal contra las personas que concedieron las licencias, «porque así lo obliga la ley».
Hay veintiuna propiedades afectadas. La vida de otras tantas familias, con distintas realidades, a las que ahora ha unido «una flagrante injusticia» y un futuro inmediato aún menos alentador. «Todos confiabamos nos alcaldes que deron as licencias porque nos dicían que se ía arranxar co PXOM», repetían ayer. La propia Carmen, que ayer vio derribar su casa, aseguraba que «aún hace quince días el abogado nos dijo que íbamos a pasar las Navidades en casa, y antes en el Concello nos tranquilizaban diciendo que no iba a pasar nada». «Es un atropello: si alguien nos hubiera insinuado que no se podía construir, cómo íbamos a invertir todos nuestros ahorros», afirmaba otro afectado.
Tomás Martínez también perdió ayer su casa, a medio construir. Con una copia de su licencia en mano denunciaba que «aquí non hai xustiza, somos os únicos que pagamos o pato, temos unha licenza supervisada pola Xunta e aprobada polo Concello pero todos botan balóns fóra». «Non temos a quen recorrer, nin opción a nada, confiabamos no alcalde e o Concello, que sempre se fixeron responsables, estamos desesperados», reclamaba impotente.
«Quién se lo dice»
A su lado, Montserrat Rodríguez, sobre cuya casa también pesa el fantasma del derribo. Lleva más de seis años viviendo en su casa con sus hijos y su marido, que ahora está en el mar. «Quién se lo dice, qué hago con mi vida», apelaba ayer mientras denunciaba el silencio del Concello. «Yo me estoy enterando de todo por los propietarios: ¿por qué el Concello no alertó del requerimiento del 2001?, ¿por qué se cayó? Si lo hubiéramos sabido, igual no habríamos continuado porque la licencia nos la dieron en el 2000 y la obra se acabó en el 2003». «El Concello siempre nos decía que no pasaba nada, que todo se debía a los políticos de turno».