Decidió mantener el complemento de las pensiones al ver que estaba atado en el pacto por la competitividad del bipartito
Poco después de ganar las elecciones, en la reunión que mantuvo con los sindicatos como presidente in péctore , Feijoo tuvo uno de los pocos guiños hacia el bipartito al que acababa de derrotar en las urnas, al reivindicar el acuerdo por la competitividad impulsado por Touriño en julio del 2008. Lo dio por bueno. Y dijo que se trataba de un «marco razonable» sobre el que seguir construyendo el diálogo social. El ahora jefe del Ejecutivo no reparó en que el pacto le dedicaba un amplio apartado a blindar hasta el 2011 los 200 euros del complemento autonómico de las pensiones no contributivas que perciben los 50.600 gallegos con rentas más bajas.
Tampoco estaban al tanto de ese blindaje la conselleira de Traballo, Beatriz Mato, ni su segunda de Benestar, Susana López Abella, que con más voluntarismo que experiencia tuvieron que roer el hueso de hacer los presupuestos del área de los imposibles, asumiendo conjuntamente la delicada decisión de sustituir los 10 millones de euros del complemento de las pensiones por mejoras en los servicios sociales.
Estimular a la oposición
A partir de ese momento, los errores se sucedieron en cadena, pues quedaron en evidencia las grandes lagunas en la política de comunicación de la Xunta, se hizo añicos ese discurso del Gobierno comprometido con el gasto social, que el PP había manufacturado para tramitar los Orzamentos, se comprometió la credibilidad de Feijoo al rectificar la medida y, para más inri, se volvió a estimular a la oposición política para que se desperece.
Oportunamente, el PSdeG y el Bloque no perdieron ni un minuto para engancharse en el Parlamento al discurso de que fue su presión lo que hizo recular a Feijoo en vivo y en directo. Pero eso es inexacto.
No fue ni el tono duro de Aymerich ni la gravedad puesta por Pachi Vázquez en sus palabras lo que provocó que al Gobierno autónomo le temblara el pulso, sino otros representantes de una sociedad que suele ir un paso por delante de su clase política.
Lo que de verdad le metió el temor en el cuerpo a la Xunta del PP fue descubrir que la superconsellerí a de Beatriz Mato había eliminado torpemente uno de los puntos cruciales incluidos en el acuerdo por la competitividad, como bien se encargaron de advertir los representantes de la UGT, que amenazaron al Ejecutivo gallego con romper la paz social en el actual contexto de crisis si persistía en seguir por ese camino.
Cambio cantado
El Gobierno de Feijoo ya tuvo la oportunidad de catar con la crisis del metal y con el inicio del curso escolar lo importante que es apartar de la agenda la conflictividad social para poder aplicar el programa. Y por esa razón, la rectificación con el complemento de las pensiones estaba más que cantada.
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