Rías, décadas de agresiones y promesas

Manuel Blanco

GALICIA

Los vertidos intensivos de aguas fecales e industriales y la falta de depuradoras por la ausencia de un compromiso político decidido han dejado buena parte del litoral gallego en una delicada situación

17 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Las rías de Ferrol y Vigo reciben cada día 220 millones de litros de aguas residuales sin tratamiento o con uno manifiestamente deficiente, la de O Burgo, en A Coruña, soporta más de 150 focos de contaminación, la de Arousa se lleva la palma con más de medio millar de puntos de vertido, la de Corcubión solo produce marisco para las conserveras, no apto para el consumo humano... El diagnóstico sobre la situación de las rías gallegas es como mínimo preocupante; crítico, en opinión de algunos expertos consultados. La Voz ha analizado a lo largo de las últimas dos semanas el estado de cada una de las ensenadas y, salvo honrosas excepciones, el denominador común es que casi todas acusan problemas derivados de la falta de infraestructuras adecuadas para tratar los residuos que generan los hogares y las industrias.

Lo curioso del tema es que el saneamiento integral de las rías ha sido un tema recurrente desde mediados de los noventa, cuando se empezó a asumir que Galicia llevaba décadas vertiendo todo tipo de productos al mar sin apenas controles. Fue en el año 1995 cuando Xosé Cuíña, entonces conselleiro de Obras Públicas, lanzó el primer plan para sanear varias de las rías más importantes (Arousa, Vigo, A Coruña, Ferrol...). Apenas dos años más tarde, la Comisión Europea apercibió a la Xunta en un informe en el que advertía de la falta de depuradoras y del deficiente funcionamiento de algunas de ellas.

Más un decenio después, Bruselas sigue emitiendo advertencias similares y los 2.000 puntos de vertido detectados por Augas de Galicia en las rías, 400 de ellos graves, evidencian que el camino se ha recorrido a paso de tortuga pese a las reiteradas promesas lanzadas por los sucesivos Gobiernos de la Xunta.

Expertos como Victoriano Urgorri sostienen que esta falta de voluntad política para atajar el problema no es más que un reflejo de la escasa conciencia social. Sea o no así, lo cierto es que Galicia necesita tomar conciencia de la coyuntura porque las cifras empiezan a ser alarmantes. La producción marisquera ha caído de forma alarmante en algunas zonas (véase el caso de Ferrol) y en otras las autoridades comunitarias han prohibido la extracción de producto para el consumo en fresco, dañando así el principal activo de las rías: la imagen de calidad que otorgan a los productos gallegos.

Pese a ello, los biólogos sostienen que todavía se puede reaccionar y que hay tiempo para la esperanza. Los actuales responsables de la Consellería de Medio Ambiente aseguran que van a habilitar los recursos necesarios para acabar con las agresiones a las rías, pero se han dado de plazo hasta el año 2015 para cumplir su objetivo. Es decir, entre el primer plan de Cuíña y el del punto y final (si se cumple, claro) habrán pasado 20 años.