El curso pasado, Beatriz González Blanco presentó las solicitudes para inscribir a su primer hijo en una de las dos guarderías públicas que tiene la Xunta en Lugo. En la lista de espera figuró en el número 80, y tampoco le dieron la opción de acogerse al llamado cheque infantil, que en la ciudad amurallada ofrece plazas subvencionadas en una decena de centros privados. Con el segundo niño, ni lo intentó. «Se o pai e a nai traballan fóra, como é o noso caso, é moi difícil conseguir unha praza ou que che dean unha axuda; polo menos a min nunca me toca», comentaba ayer Beatriz.
De esta manera, Martín, de 2 años, y Jorge, de 7 meses, acuden juntos a la escuela infantil Coké, donde pasan una media de seis horas diarias. Para sus padres supone un desembolso económico de 410 euros al mes.
Con todo, Beatriz reconoce que tiene suerte, ya que su trabajo -es maestra- le permite disfrutar de sus pequeños toda la tarde. No así su marido, que trabaja en el departamento de mantenimiento de una empresa de madera. «Está fóra case todo o día», explicó la mujer, consciente de que la mayoría de los padres se encuentran en una situación similar: «Anímante a ter fillos, pero os horarios de traballo son moi longos, de moitas horas. Deberían propoñer medidas e flexibilizar a xornada laboral, porque se non tes familia cerca que che bote unha man, veste vendido».