Xunta y Concello discrepan sobre el futuro de Recimil, que suma 1.033 viviendas en pleno centro de la ciudad naval y corre el riesgo de convertirse en un gueto
Los 1.033 hogares del barrio de Recimil, de Ferrol, constituyen el mayor parque de vivienda municipal de Galicia. Sin embargo, en los últimos veinte años, mientras que miles de ciudadanos se empeñaban para comprar un piso, las Casas Baratas se han transformado en uno de los mayores problemas para el Ayuntamiento de Ferrol, incapaz por sus problemas financieros de sufragar el mantenimiento de los inmuebles, que presentan numerosas deficiencias, y por su división política de dar una salida viable al barrio. Nada ha variado y esas dificultades siguen ahí. Pero Recimil sí ha cambiado y corre el riesgo de convertirse en un gueto.
En el barrio hay 1.033 viviendas distribuidas en 133 portales. La mayoría de los 266 pisos ubicados en la parte más alta tienen goteras y unas 360 viviendas están desocupadas. La principal asociación de residentes de la zona estima que en Recimil hay 2.000 vecinos que pagan un alquiler de apenas unas decenas de euros. De ellos, 560 pasan de 65 años y otros 200 ocupan los pisos de forma ilegal, unos con llaves prestadas por familiares y otros por el simple mecanismo de la patada en la puerta.
La población menor de 30 años es mínima y los residentes temen que los okupas terminen por desplazar a los vecinos y se apropien del barrio.
Esos datos son de la asociación vecinal, pero nadie sabe exactamente cuál es la situación de las Casas Baratas. De hecho, el gobierno local, dirigido por el socialista Vicente Irisarri, se ha comprometido a censar la zona en los próximos meses y a expulsar a los ilegales, entre los que se rumoreó que habría antiguos vecinos del poblado chabolista coruñés de Penamoa. El gobierno ha tapiado numerosos bajos y sótanos, y ha desplazado varias veces a la Policía Local para impedir las ocupaciones, pero el problema sigue.
Igual que las divergencias política sobre el futuro de Recimil, acentuadas por la llegada del PP al Gobierno gallego. Los conservadores e Independientes por Ferrol (IF) son partidarios de derribar el barrio y levantar uno nuevo. En el pleno suman diez ediles de 25. Tienen enfrente a los quince concejales del PSOE, IU y BNG, formaciones que defienden la rehabilitación de las Casas Baratas.
Una barriada protegida
En la actualidad solo es legal la segunda opción, ya que el barrio, por su tipología única en Galicia de viviendas sociales, está catalogado por Patrimonio.
Núñez Feijoo podría retirar esa protección, como ya hizo la Xunta de Fraga para dar vía libre al proyecto del anterior gobierno local (PP-IF) de construir una nueva barriada. Sin embargo, y al menos hasta el 2011, el PP, que llevaba en su programa electoral derribar Recimil, tendrá que tratar con un ejecutivo local partidario de la rehabilitación.
El proceso será muy caro, algunas estimaciones lo sitúan en 38 millones de euros, pero el alcalde está convencido de iniciarlo, incluso sin ayuda del Gobierno gallego. Su plan pasa por rehabilitar un inmueble llamado Bambú Club y obtener un modelo de los costes, técnicas y resultados de la rehabilitación.
La obra rondará los 800.000 euros. La Xunta saliente había comprometido el dinero a cambio de la cesión de seis viviendas para dedicarlas a alquileres para jóvenes. Es improbable que Feijoo mantenga esa política, pero Irisarri afirma que el Concello pagará con fondos propios.
El Bambú Club servirá para planear la rehabilitación, que se sufragaría con fondos del Ministerio de Vivienda, del Concello (de la venta de parte de los inmuebles) y de la Xunta, si el PP accede. De lo contrario el proceso será mucho más complicado. El alcalde admite que «será más lenta, pero la rehabilitación está decidida y se llevará a cabo pese a quien le pese».
Los conservadores afirman que el plan es irrealizable en el plano económico, y ya lo han rechazado en el pleno, pero el alcalde está convencido y destinará 2,1 millones de los fondos del Estado contra la crisis para arreglar todos los aleros del barrio y repintarlo por completo. El gobierno espera que el cambio estético demuestre que es posible salvar Recimil.
El PP, que en las elecciones autonómicas fue mayoritario en el barrio, ya ha tachado de «maquillaje» esa operación. El futuro de Recimil sigue en el aire.
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