A Mariña volvió a la luz del candil

LUGO CIUDAD

Los ochenta mil habitantes de la costa de Lugo se enfrentan con una mezcla de desconcierto, resignación, indignación e impotencia a un apagón histórico

25 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La noche es mucho más negra cuando uno mira a su alrededor y comprueba que todos los adelantos que han llegado hasta el siglo XXI son inservibles y que no es posible realizar un gesto tan simple como encender el interruptor y que se haga la luz en casa.

El temporal dejó en A Mariña, además del miedo a los estragos que el viento puede hacer en un entorno habitualmente «amable», un apagón histórico, que obligó a los aproximadamente ochenta mil habitantes que tiene la costa de Lugo a volver a la luz de las velas, el candil, el viejo cámping gas y las modernas linternas de Led; con la impotencia y la indignación de desconocer cuándo se restablecería el servicio eléctrico, y la incógnita de cómo asumir las pérdidas generadas a empresarios y particulares por las más de 24 horas de apagón que llevaba la comarca a última hora de ayer.

A las seis y media de la tarde Viveiro parece una ciudad fantasma. Los termómetros de la vieja ciudad marcaban a esa hora trece grados, un dato importante cuando en los pisos modernos la dependencia de la energía eléctrica es total. «Pasamos la noche contando cuentos de antes, aunque mientras aguantó la batería del portátil de mi hija pudimos ver media película y pasar algo la noche», explicó Mari Carmen Gradaille, que vive en un sexto piso, y que desde el apagón que se inició a las once de la noche del viernes sube a pie hasta el trece para cocinar en la cocina de gas de su hermana. «Subir y bajar lo hice varias veces y ahora recalentaré con el cámping gas». En el salón duerme la abuela, impertérrita, reviviendo viejas imágenes a la luz de las velas. En este caso hay suerte, el inútil radiador será sustituido por el calor de la chimenea. Su marido, Néstor Fernández, es dueño de una cafetería. También aquí dominan las velas, el café descafeinado y la leche calentada en una pequeña pota. «La noche pasada no tuvimos gente, y esta, si no vuelve la luz, será igual», dice, calculando en mil euros las pérdidas por el temporal.