La sucesión de frentes fríos y la escasez de capturas de la flota dispara el precio del pescado

PONTEVEDRA CIUDAD

El kilo de lirios a seis euros, tirando a siete; la raya, a 18, el mismo precio que marcaban las meigas; la choupa, a 8,50... La sucesión de temporales que mantiene amarrada a la mayor parte de la flota gallega ha vaciado casi al completo los puestos de pescado de las principales plazas gallegas, donde se ve más el brillo metálico del expositor que hielo para conservar la mercancía. Y como dicta la ley de la oferta y la demanda, esa escasez ha disparado la cotización de las especies, que en algunos casos han duplicado su valor habitual.

La bacaladilla es un claro ejemplo. Si lo normal es encontrarla por debajo de los tres euros, ayer, en un supermercado de A Coruña, el precio de la etiqueta rozaba los siete, una cantidad que solo acostumbra a colocarse al lado del lirio si en vez de entero se comercializa en filetes. Las piezas de pescadilla de un kilo se vendían a 14 euros. Y en la lonja del Muro, el poco lenguado que se descargó se adjudicó al comprador a precios más típicos de Navidad que del tramo más empinado de la cuesta de un enero en crisis: a 28,60 euros.

Si pescado había poco en el mercado, el marisco todavía escaseó más. En las plazas de abastos coruñesas ayer podía encontrarse algo de centolla, a 35 euros el kilo; almeja, entre 20 y 24 euros; berberecho, sobre 12 euros; o zamburiña, a 12.

En los puestos de la coruñesa plaza de Lugo, las pescantinas miraban ayer aburridas unas para otras. Se quejaban de que «con tanto anuncio de temporal, alertas naranjas, alertas rojas y demás, la gente ya no baja al mercado porque creen que no va a haber pescado; y algo siempre hay». Razón no les falta. Aunque en la costa más expuesta a las inclemencias del tiempo la mayor parte de las embarcaciones permanecen amarradas y los profesionales en tierra reparando aparejos, sí hay buques que están operando a pesar de los temporales. El arrastre salió a faenar. El cerco lo intentó en varias ocasiones esta semana, pero finalmente tuvo que desistir. La bajura de Arousa trabajó en las zonas más abrigadas de la ría, al igual que en las zonas de Pontevedra y Vigo. No faltaron tampoco embarcaciones de marisqueo. E incluso en el área de A Coruña hubo quien se arriesgó a largar los aparejos, lejos de la costa, eso sí, y en fondos arenosos, para evitar que el mar los arrastre hacia las piedras.

De cualquier forma, el botín en todos los casos no fue abundante. Y la recompensa no siempre es suculenta como lo fue en A Coruña para el lirio. En Cambados, la flota «apenas atopa peixe», aunque sí han notado un incremento en las cotizaciones de la pescadilla, que ha subido un euro.