José Cendón, retenido 39 días en Somalia, recuerda como el momento más difícil un tiroteo de media hora entre los secuestradores y un clan enemigo
14 ene 2009 . Actualizado a las 03:14 h.Cuando José Cendón fue secuestrado en Somalia, apostó con su compañero Colin Freeman que el cautiverio no duraría más de dos semanas. «Al final me ganó la apuesta, desgraciadamente», relató ayer el fotoperiodista compostelano. Fueron 39 días de incertidumbre. Tal y como había prometido, al llegar a la capital de Galicia dio una rueda de prensa multitudinaria en la que se prestó a contestar a las preguntas de las decenas de periodistas allí congregados. Sobre el rescate de 200.000 euros que supuestamente se pagó no sabe nada. Sobre quiénes fueron sus secuestradores, sí.
«En este secuestro hay muchas personas implicadas, no descarto a nadie». Y es que los guardias que el ministro de Seguridad de la región semiautónoma de Puntlandia les había «encasquetado» y de los que intentaron desembarazarse «porque daban muchos problemas» mientras realizaban su reportaje sobre la piratería en Somalia «fueron justo reemplazados el último día, algo que me sorprendió y que alguien tendrá que explicar», argumentó.
Vacaciones
Abrumado por la repercusión mediática de su caso, José Cendón adelantó que se tomará al menos un mes y medio de vacaciones para estar con sus seres queridos, irse de cañas con sus amigos y pasar tiempo a solas. Después, de vuelta a África, un continente con el que confesó mantener una relación de amor-odio. «El periodismo es contar cosas importantes, y para mí nada es más importante que el sufrimiento de las personas». Por eso, a principios del 2010, lo más probable es que se traslade a Sudamérica. «Me interesa la nueva izquierda de Latinoamérica». Mientras, lo que espera de Galicia es «marisco y albariño».
El lunes, Cendón llegaba a Lavacolla para reencontrarse con sus allegados. «Fue un encuentro emotivo, nos abrazamos mucho tiempo y hubo pocas palabras». A su familia tuvo que repetirle de nuevo los detalles del secuestro, como el hecho de que el momento más difícil de su cautiverio fue cuando otro grupo de somalíes «se lió a tiros durante 40 minutos con los secuestradores». El miedo, más que a morir, era a cambiar de manos. Según dijo, los captores «no eran tan malos» y los mantuvieron alimentados.
«Ellos son personas y cuanto más amigos mejor». Esa fue la estrategia que tanto él como Colin Freeman siguieron durante el secuestro. El británico, ejerciendo de poli bueno. A él le tocó el papel de poli malo. «En el fondo nos conocíamos, entendía por qué hacían eso pero sin compartirlo», resumió.