Un radar detecta a un conductor a 196 por hora en un tramo de la autovía de Barbanza limitado a 80
GALICIA
Cuando se inauguró la autovía de Barbanza, a mediados del pasado mes de diciembre, ni los políticos ni muchos ciudadanos pudieron resistirse al tópico. Todo el mundo hablaba de «un antes e un despois» de esta obra. ¿Por qué? Los municipios coruñeses de Dodro, Rianxo, Boiro, A Pobra y Ribeira llevaban años abonados a las tragedias sobre el asfalto por culpa, en parte, de una mal llamada vía rápida que serpenteaba el norte de la ría trazando infernales curvas. Por tanto, con la llegada de la nueva infraestructura, la sociedad de la comarca confiaba en que se acabase esta brutal sangría.
Sin embargo, si casos como los registrados hace unos días se repiten, será difícil que el nuevo aglomerado haga algo en favor de un incremento en la seguridad vial: un radar cazó a un piloto circulando a 196 kilómetros por hora.
Todo sucedió el día de Reyes, alrededor de las seis y cuarto de la tarde. A esa misma hora, un radar móvil puesto por los agentes de la Guardia Civil de Tráfico de A Coruña dio inmediatamente la alarma. Un varón circulaba al volante de un vehículo modelo Ford Focus a la considerable velocidad de 196 kilómetros por hora. Se trata de un individuo que tiene 36 años de edad.
En el acceso, de dos carriles
Lo más curioso del asunto es que, además, el hombre no pisó a fondo en una zona limitada a 100 o a 120, que son mayoría en la nueva autovía, sino en un tramo donde las señales prohíben viajar a velocidades superiores a los 80 kilómetros por hora. Es decir, lo hizo en el tramo donde la vía de alta capacidad termina ya y se convierte en un trazado de un único carril por cada sentido. De esta forma, la peligrosidad de la maniobra se multiplicaba porque en esta zona el conductor podía toparse coches de frente en cualquier momento.
Semejante circunstancia mereció un calificativo contundente por parte de la Guardia Civil. Los agentes hablaron del primer caso de «salvajismo vial» sobre este asfalto de nuevo cuño, el de la autovía denominada AC-11. Y no solamente dedicaron unas palabras al temerario conductor. La Guardia Civil también le imputó un delito contra la seguridad del tráfico, lo que, lógicamente, obligó al hombre a declarar ante el juez. Su paso por el juzgado tuvo lugar en Ribeira.