La mujer condenada por tirar a la basura a su bebé en A Coruña hace tres años ya disfruta de permisos

A CORUÑA CIUDAD

09 ene 2009 . Actualizado a las 02:06 h.

María Belén Prado Alamancos, la mujer que el 24 de marzo del 2006 tiró a su bebé recién nacido a un contenedor en A Coruña, ya disfruta de permisos penitenciarios y en unos meses obtendrá el tercer grado, por lo que solo tendrá que ir a la cárcel para dormir. Esta mujer, que hoy tiene 32 años, había sido condenada en junio del 2007 a seis años de prisión, doce menos de los que solicitaba el fiscal debido a que se probó que presentaba rasgos esquizoides. Desde el mismo momento en que ingresó en prisión, a los dos días de cometer los hechos, hasta hoy ha seguido un tratamiento psiquiátrico. Eso, unido a su buen comportamiento en la cárcel, le ha permitido gozar de permisos. Fuentes judiciales vaticinan que a principios del próximo año se le dará la libertad definitiva.

María Belén Prado había ocultado su embarazo y dio a luz en secreto en la frutería en la que trabajaba, para luego tirar al bebé en un contenedor de basura ubicado enfrente del establecimiento, en la calle San Vicente, de A Coruña. Aquella mañana, la mujer había acudido a trabajar a la frutería y, al llegar el mediodía, se sintió indispuesta debido al embarazo de una niña que llevaba en su interior, concebida con su compañero sentimental. La mujer se dirigió entonces al cuarto de baño del establecimiento, donde tuvo lugar el parto de la niña. Nació viva después de una gestación de 38 a 42 semanas, midió 49 centímetros y pesó 2,6 kilos. Y decidió matarla. Lo hizo después de las primeras inspiraciones. Desgarró el cordón umbilical, lo que provocó una exanguinación de la niña que le produjo una crisis hipovolémica.

Posteriormente, la mujer pidió permiso a su jefa para irse a casa diciéndole que se encontraba mal, cogió al bebé ya sin vida y lo abandonó en un contenedor de basura próximo a la frutería. Luego se dirigió a su domicilio en el barrio de Los Rosales, donde fue detenida dos horas después. Sus vecinos habían llamado a la policía por la gran cantidad de sangre que había dejado en el ascensor. Los agentes le preguntaron por esa circunstancia y ella confesó.