Los gitanos del poblado chabolista de O Vao realojados en Monte Porreiro se sienten amenazados por los vecinos, pero aseguran que no se irán de sus nuevas viviendas
Las tres familias gitanas del poblado chabolista de O Vao que fueron realojadas hace una semana en el barrio pontevedrés de Monte Porreiro suben el televisor para no oír los gritos de sus nuevos vecinos frente a la puerta de su casa.
Desde su llegada han tenido que soportar casi a diario la presión de los habitantes payos, que exigen su salida inmediata del barrio. Más de un millar de personas se reunieron el lunes en asamblea para estudiar posibles medidas para su expulsión. Hoy mismo empezarán a concentrase frente a la puerta de sus viviendas, una hora cada día.
Esteban y Rocío tienen la televisión puesta. Hace tan solo media hora hubo una concentración frente a su edificio. En el inmueble viven ellos y una segunda familia. Están comiendo pizza, porque aún no tienen cocina. Ni agua, pues el Ayuntamiento de Pontevedra se la cortó.
Ella tiene 21 años, y él, 20. Rocío es de O Vao; él de Monte Porreiro. «Yo soy del barrio y sé perfectamente que aquí hay mucha gente que vende droga, aunque parezca que los del poblado de O Vao son los únicos que la venden», dice Esteban. «Nos están juzgando antes de nada -añade Rocío-. Dicen que van a mandar a la policía. Ojalá estuviera aquí todo el día para que vieran que no hacemos nada».
La casa está recién pintada; tiene dos baños, salón y tres dormitorios. En una semana han traído muebles, camas, un sofá y un televisor para hacer el piso habitable. «Ahora tenemos que subir el agua en bidones y tenemos la cocina sin instalar porque no nos deja hacer obra el Ayuntamiento».
Ambos eran conscientes de que la llegada de gitanos de O Vao, a quienes los pontevedreses relacionan estrechamente con la droga, traería revuelo al barrio. «Esperábamos algo de oposición, pero no tanto -explica Esteban-. Los gitanos de Monte Porreiro están flipando con la reacción de la gente. Se están pasando mucho. Luego dicen que los gitanos no tienen educación. No sabes la manera en que nos tratan. Es imposible, no se puede hablar con ellos». «Espero que se calmen los ánimos. Se lleva muy mal lo de las manifestaciones; te sientes amenazado. Pero no nos vamos a ir».
Un futuro en el barrio
Cuando a Rocío le dieron la posibilidad de contar con una casa fuera de O Vao se alegró mucho. «Tenía ganas de salir de O Vao», recuerda. «Además, yo soy de Monte Porreiro y cuando uno se casa la mujer se tiene que ir con el hombre, y nosotros no podíamos quedarnos en casa de mi madre», añade Esteban. «Solo queremos una casa normal».
Ambos imaginan su futuro en el barrio. Creen que aquí tendrán mejores oportunidades. «Tenemos pensado tener hijos, y este va a ser mucho mejor lugar lugar para ellos». «Van a crecer aquí y van a ir al colegio de aquí enfrente».
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