El acusado del crimen de Sober es conducido a su casa para reconstruir lo ocurrido y cuenta que la mujer asesinada se marchó con alguien que la fue a buscar en coche
02 feb 2011 . Actualizado a las 10:24 h.José Carnero volvió ayer a Sober custodiado por la Guardia Civil para reconstruir lo que pasó la noche del 14 de septiembre, cuando trajo a su casa a María Pilar Palacios Caballero, la mujer que cinco días después fue encontrada muerta en la entrada de la cuadra con un gran golpe en la cabeza. El juzgado de Monforte que investiga el crimen decidió preparar la visita con la esperanza de aclarar cuestiones que la confusa declaración judicial del acusado no había permitido desentrañar. Carnero, conocido en su aldea de O Couto por el mote de O Chucán, fue ayer más explícito: dijo no tener nada que ver con el crimen.
El acusado llegó a O Couto a las once de la mañana en el furgón de la Guardia Civil que lo recogió una hora antes en la cárcel de Bonxe. Lo acompañaban dos guardias, y otros dos, estos agentes de la Policía Judicial, lo esperaban desde un poco antes a las puertas de su casa. Las once era la hora convenida, pero un imprevisto en el juzgado obligó a la jueza a posponer su desplazamiento hasta la una y media de la tarde. El acusado esperó todo ese tiempo dentro del vehículo policial.
Al llegar, acompañada del secretario judicial, una fiscala y el abogado defensor, la jueza informó a José Carnero de que iban a entrar en su casa para que les explicase lo que ocurrió allí durante la noche del día 14 al 15, después de la llegada de María Pilar Palacios, a la que había ido a buscar al club de alterne de Ourense en el que ella trabajaba. El acusado bajó entonces del furgón con las manos esposadas por delante y, escoltado por los guardias, se dirigió con paso tranquilo al interior de la vivienda, cuyos accesos están precintados desde que ocurrieron los hechos.
Frente a la cuadra
Carnero entró con un guardia delante y otro detrás. Antes de subir al primer piso, pasó sin inmutarse por delante de la puerta de la cuadra vacía en la que su cuñado y un vecino encontraron el cadáver de la víctima el día 18, cuando el acusado llevaba ya 72 horas en paradero desconocido y antes de que fuese detenido tras accidentarse con su coche cerca de Pontevedra. El grupo permaneció media hora en la parte habitable de la casa, una construcción de piedra de considerables dimensiones pero muy mal conservada.
A las dos de la tarde volvieron sobre sus pasos y, una vez abajo, entraron en la cuadra agachando la cabeza para pasar por la puerta, que no mide más de un metro y medio de alto. Probablemente fue allí, a la vista de la gran mancha de sangre que nadie ha limpiado todavía, donde la jueza le preguntó si había matado a la mujer. José Carnero lo negó. Al parecer, admitió haber estado con ella, pero dijo que no tiene nada que ver con su muerte. Según su versión, la última vez que vio a María Pilar estaba viva. Aseguró que se había marchado de su casa con otro cliente que la fue a buscar en coche. Lo que no pudo explicar es por qué si las cosas ocurrieron así el cadáver apareció en la cuadra de su vivienda.
Después de apenas cinco minutos en la cuadra, y ya en el patio exterior de la casa, la jueza le pidió permiso para que un agente le tomase una muestra de saliva que sirva para cotejar su ADN con los restos orgánicos encontrados en el escenario del crimen. José Carnero no puso ningún reparo y el agente de la Policía Judicial le tomó la muestra allí mismo con un bastoncillo.
Cinco minutos después, el furgón de la Guardia Civil llevaba a José Carnero de vuelta a la prisión de Bonxe. Durante las tres horas que duró su regreso a O Couto, los vecinos que pasaron frente a la casa, ocupados en tareas agrícolas, apenas se inmutaron. Solamente una señora se acercó a preguntarles a los guardias si había ocurrido algo, en un momento en el que el preso todavía no había salido del furgón. «O que pasou xa pasou hai días», le contestaron. La mujer continuó su camino sin decir nada más.