A excepción del vial que une la capital gallega con el área de Santa Comba y la Costa da Morte, todos los accesos de Santiago han sido ampliados con más o menos ambición en los últimos tres lustros. La gran obra de referencia es el periférico, rematado a mediados de los noventa, que con sus once kilómetros une el polígono del Tambre, al norte, y la localidad de Milladoiro, al sur, pasando por el centro de la ciudad. En él confluyen todas las vías de gran capacidad y los tres accesos a la autopista AP-9, que en rigor actúa como un segundo cinturón que demanda con urgencia el tercer carril.
La puesta en marcha en los próximos meses de las autovías de A Estrada y Brión saturará aún más una circunvalación que acabará haciendo honor a su nombre y terminará rodeando la urbe, aunque de momento los proyectos se centren en crear más ramales sobre las infraestructuras existentes.