En su nuevo libro destaca el valor de conjunto que cada uno de ellos posee
04 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Historiador a la vez que arquitecto, el profesor José Ramón Soraluce Blond, tres veces académico -es miembro de las academias de Bellas Artes de Galicia y San Fernando (Madrid), y también de la de San Jorge-, ha reivindicado siempre la mejor arquitectura no como algo estático y destinado poco menos que a la momificación, sino como un testimonio de cada momento histórico. Como algo, en fin, cuyas transformaciones también son un testimonio de lo que cada generación ha vivido y le ha podido legar a la posteridad... con mayor o menor suerte. Y ahora, en su nuevo libro, reivindica los cascos históricos. Pero entendidos, estos, como conjuntos dotados de una fuerte unidad interna -de costumbre amurallados en su origen, aunque por lo general esa muralla se la haya llevado consigo el paso de los siglos- cuyo auténtico valor va mucho más allá del que pueda representar la suma de los de los monumentos que le pertenecen.
Bajo el sello de Publicaciones Arenas, Soraluce saca ahora a la luz el volumen que lleva por título Cascos históricos de Galicia. Un libro en el que aborda el estudio de una veintena de recintos urbanos gallegos de especial valor -entre ellos los de Santiago de Compostela, Celanova, Pontevedra, Baiona, Betanzos y Mondoñedo, por citar media docena de ejemplos-, y en los que cuatro más, cada uno con características muy diferentes, demuestran hasta qué punto se ha conservado hasta el siglo XXI el valor de otros cuatro enclaves situados frente a la costa atlántica en el norte gallego: Ferrol, Ortigueira, Pontedeume y Cedeira.
Una mirada nueva
El libro de Soraluce ayuda a contemplar, con ojos nuevos, lo que merece ser contemplado constantemente. Por un lado, el Ferrol cuya identidad urbana se conformó de manera decisiva en el siglo XVIII, de la mano de los ingenieros de la Ilustración. Por otra, un Pontedeume de hondas raíces medievales en el que dejaron profundas huellas no solo la estética barroca, sino también el renacimiento. Y al mismo tiempo, una antaño fortificada Cedeira cuya arquitectura popular sigue siendo un verdadero tesoro, y una Ortigueira vertebrada alrededor de su antiguo convento.