Mientras pide limosna en la calle, Manolo lee de la mañana a la noche
25 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Se llama Manolo. No ha cumplido aún los 50 años, aunque hace tiempo que dejó atrás los 40. Y su vida -no lo duden, y menos aún con la que está cayendo- podría ser, en el momento menos pensado, la de cualquiera. «Nunca pensé que podría acabar así, que podría verme de esta manera», cuenta, mientras pide limosna, como cada día, a las puertas de un supermercado de la calle del Sol. Nació en Córdoba, pero acabó afincándose en Cataluña. Tenía un bar, que jamás fue mal. Pero las circunstancias (qué importan los detalles, las noticias no son eso, y lo que de verdad importa de esta historia está muy lejos de las malas jugadas que la suerte guarda también de puertas adentro) hicieron que se quedase sin él; y sin su piso; y, como quien dice, sin familia. Entonces decidió marchar. A buscar trabajo. Cualquier cosa. Donde fuese. Pero allí por donde pasaba, la crisis ya había clavado los dientes. Acabó en la calle, pidiendo monedas. «Ahora duermo en una pensión que hay aquí cerca -dice Manolo-, porque me cobran cinco euros, y para eso me va llegando. Comer, como en la Cocina Económica. Y a ver si alguien me da un trabajo, pero ya ves tú cómo está todo».
Lee de la mañana a la noche. Ayer, a Stpehen King. «La gente me da libros -cuenta-. Lo malo es que yo, después, no tengo dónde guardarlos. Entonces, lo que hago, cuando los acabo, es llevarlos a la biblioteca, para que puedan leerlos otras personas».
Ferrol es la casa que no tiene
Dice que no se va a marchar. Ahora Ferrol es la casa que no tiene. «Aquí la gente ya me conoce. Y además tengo un lugar al que poder ir a comer», comenta, refiriéndose a la Cocina Económica de nuevo. Son muchas las personas que al pasar lo saludan. Alguna incluso le pide que le vigile las bolsas del supermercado, mientras va a comprar a otra parte. El siempre rsponde sonriendo. Pero, eso sí, mientras conversamos con él, nadie le da ni un solo céntimo.