Rafael Leira Castiñeira preside desde hace tres años la asociación vecinal mayoritaria del barrio, la del Ensanche A, una entidad que pretende ser «catalizadora de la vida social» en una zona que todavía lucha por conseguir una entidad propia como barrio. Casi uno de cada diez habitantes de la zona se ha convertido en socio y a la entidad llegan cada día las preocupaciones de los residentes. Muchas son las de Leira, que vive en el barrio desde hace 27 años. «El barrio se está degenerando a pasos agigantados», resume. Se refiere, especialmente, al deterioro que acumulan las edificaciones de un barrio que comenzó a gestarse en los cincuenta.
El desplome de «la casa de estos días no es nada casual: hay muchas en ese estado. Y esta aparentemente no tenía problemas, lo que nos hace pensar cuántas no vemos que están en la misma situación», señala. «El barrio de A Magdalena está fatal, pero el nuestro es el siguiente: es como una mancha de aceite que se extiende». Pero el estado de los edificios no es el único problema. A pesar de ser una de las zonas más pobladas de Ferrol, la carencia de ascensores hace que los residentes de toda la vida abandonen paulatinamente el barrio con dos consecuencias: la positiva llegada de mucha gente joven, pero también «el aumento de la población flotante, que trae más delincuencia social», asegura Leira. Dice estar preocupado por la el incremento de la inseguridad, a pesar de la colaboración de la Policía Nacional, «que se ha implicado muchísimo».
Asimismo, defiende que el Concello ha trabajado mucho en los últimos años por el barrio, pero que queda una larga lista de tareas pendientes: «Hay que dar solución al problema del aparcamiento», dice. Sobre todo, porque los viejos edificios carecen de garaje y las actuaciones de humanización en la zona restan cada vez más plazas. «Y el párking de la plaza de O Inferniño solo funciona como garaje», critica. En este mismo punto, reclama la revitalización del centro comercial: «Tiene que dar vida y no la está dando». En cuestión de tráfico, pide el retranqueo de la estación de buses para evitar que tengan que salir por el barrio y también el arreglo de las calles dañadas por el transporte colectivo, especialmente Pontevedra y Cuntis. Todo ello, a pesar de las mejoras que ha experimentado el Ensanche A: «Hace 15 años solo había un árbol», apunta.