No es la primera vez que los intentos de mejorar la ciudad se topan con Patrimonio. El más llamativo fue la prohibición de pintar de distintos colores las fachadas de los edificios de Recimil, tal y como proponía el Concello. La Xunta alegó motivos históricos y arquitectónicos para evitar la utilización de varios colores y obligó a teñir el barrio únicamente de blanco y verde. Algo similar ocurrió con el proyecto del centro Torrente Ballester, que deberá ser pintado de blanco. Y Patrimonio es también responsable de que no se pueda sustituir por otros materiales el adoquín de las calles Sol o en el Callao a pesar de las molestias a los conductores.
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