«Pontedeume era una casa en ruinas a la que le apuntalamos los pilares»

Antón Bruquetas PONTEDEUME/LA VOZ.

FERROL

Torrente defiende su gestión al frente del gobierno eumés donde «los momentos de felicidad duran muy poco, porque rápidamente debes solucionar otro problema»

18 ago 2010 . Actualizado a las 11:46 h.

La jornada comienza pronto para el alcalde Gabriel Torrente (Pontedeume, 1957), quien aprovecha los primeros rayos del sol para dar un paseo por el puerto de la localidad. Un lugar sinónimo de «felicidad», porque le encanta el que antes de convertirse en regidor fue su trabajo: el de hombre de mar. «La pesca es muy bonita. No la cambiaría por casi nada en el mundo», dice. A las nueve de la mañana ya está sentado en su despacho donde a lo largo del día contestará a decenas de llamadas referentes a la gestión municipal. Sin embargo, no es un hombre de muchas palabras. «Prefiero los hechos», sentencia. Y, como buen gallego, desconfía de su interlocutor. Pero con el paso de los minutos comienza a relajarse y entonces, con la calma y la seguridad de un motor diésel, empieza a repasar los casi tres años y medio que lleva al frente del Concello de Pontedeume desde que la lista del PP que encabezaba resultó la más votada en las municipales del 2007. Un mandato que califica de «pequeño milagro donde conseguimos sacar adelante el Ayuntamiento con tan solo cuatro concejales de los trece posibles».

-¿Cómo valora su experiencia al frente del Concello de Pontedeume?

-La labor de un alcalde es tremendamente dura, porque tienes una gran responsabilidad, la de administrar parte de los impuestos de tus vecinos y, a veces, eres consciente de que te equivocas al tomar decisiones. Es humano, pero siempre busco lo mejor para el municipio.

-¿Qué herencia encontraron cuando llegaron al gobierno?

-Realmente mala. Tengo grabada la frase que me dijo un vecino cuando estaba a punto de ser elegido como alcalde: «Gabriel, date cuenta de que no coges un solar donde se pueda construir una casa, sino una casa en ruinas a la que hay que apuntalarle los pilares». Era totalmente cierto y ahora estoy satisfecho de la gestión que hemos realizado, porque considero que hemos conseguido que los cimientos de esa casa sean más sólidos.

-¿Tan difícil era la situación del Ayuntamiento?

-Y sigue siendo, porque, por ejemplo, nosotros debemos abonar a los funcionarios del Concello aproximadamente 300.000 euros anuales más que la anterior corporación por culpa de la Relación de Postos de Traballo que aprobaron. Además, está el convenio con la familia Tenreiro que, aunque las negociaciones marchan por buen camino, es económicamente inasumible para el Concello; o las licencias municipales que se otorgaron con el informe contrario de secretaría. Cualquiera de estos asuntos podría significar la bancarrota para Pontedeume.

-¿Cuál considera el principal logro de su gestión?

-Devolver la transparencia y la limpieza al Concello. Ahora todos los trabajos se sacan a subasta y gracias a esta fórmula se han conseguido rebajas de hasta 140.000 euros, de los que luego se puede disponer para arreglar más problemas de los vecinos.

-Sin embargo, el PSOE ha vuelto a criticar estos días que tengan facturas impagadas y que adjudican contratos a empresas amigas...

-Respecto a las facturas, me supongo que se referirán a algunas de su etapa que no cuentan con el visto bueno de la intervención municipal. En este sentido, solo puedo decir que no voy a autorizar el pago de unos trabajos que no sé si se han ejecutado. Además, ningún proveedor se ha puesto en contacto conmigo para decirme que le debemos dinero. Sobre los contratos a empresas amigas, nos han criticado por la compañía que se encarga de la reposición del alumbrado, pero gracias a esta firma hemos ahorrado casi 12.000 euros anuales en el servicio.

-¿Y cuál ha sido el trago más amargo desde que es alcalde?

-Cada vez que veo que es imposible atender las demandas de los vecinos. Por ejemplo, nosotros queríamos reforzar la Policía Local y, hasta ahora, que ya hemos lanzado cuatro nuevas plazas, no habíamos podido sacar adelante esta iniciativa. Cualquier cambio en la oferta pública de empleo necesita un acuerdo plenario. Generalmente a un alcalde las satisfacciones le duran muy poco, porque rápidamente debes solucionar otro problema. Pero siempre es gratificante ayudar a tu pueblo.