Los romeros guardaban ayer por la tarde fuerzas en las casetas cerca del río Eume
Son las cinco de la tarde en As Pontes. Poco a poco las inmediaciones del parque de Dona Rita, donde estos días se celebra la tradicional romería de A Fraga, comienzan a llenarse de gente. El goteo será constante hasta las primeras horas de la noche cuando comenzarán los conciertos de música folk. Pero antes, los vecinos y visitantes se mezclarán entre las casetas que se instalan en la zona. Divididas, eso sí, por franja de edad. Las de los más jóvenes son más artesanales, principalmente de madera, y están mas próximas a donde se encuentra instalado el escenario principal; mientras que las de los mayores, enclavadas entre la arboleda, son, básicamente, toldos adquiridos en las tiendas. «Quizás la frontera entre unas y otras esté en los 25 años», comenta Rebeca, quien está a punto de llegar a ese límite.
Cervezas y calimocho
Sin embargo, todos cumplen la misma función: dar cobijo a la comida y bebida que acompaña a los festejos. Y es que en A Fraga puede faltar de todo, pero no líquido. Las cervezas y el calimocho son las bebidas preferidas para el día. Por la noche, las copas comienzan a ganar protagonismo. De repente, un hombre vestido de cura y con botas de agua se sube a un contenedor y empieza a bailar al ritmo del merengue, que se mezcla con el reggae del escenario principal, donde un grupo que tocará más tarde arranca su ensayo. El público le aplaude. Si algo tiene esta celebración es la improvisación. El divertimento lo marcan los romeros. «Y eso -dice Rebeca- que ahora no hay mucha gente». «Y la mayoría de los que ahora ves son de fuera. Este año hay más que en ediciones anteriores», comenta Fernando, un vecino de As Pontes, quien agrega: «Pero dentro de unas horas esto se llenará. La fiesta es solo una vez al año y lo importante es lo bien que lo pasamos».
En otro lado, en la orilla del río Eume, la gente aprovecha para refrescarse. El agua está «bastante fría» y el baño solo es apto para valientes. A su lado, aparece un romero con un megáfono que entre risas suelta: «Probando... Probando...». «La tradición dice que quien se acerque por esta zona puede acabar en el agua. Ahora ya no se hace mucho, pero antes te tiraban al río entre varios, aunque no quisieras», indica Rebeca.
Al otro lado del río se ubica la zona de acampada. En ese lugar, la mayor parte de los romeros pasaran la noche que precede al día grande. Porque lo que todo el mundo esperaba ayer en A Fraga es que llegase la sesión vermú de hoy, donde el vino se mezclará con el barro. «Hay que venir con ropa vieja, pero te lo pasas como nunca. Incluso lo mejor es un pantalón corto», señalan un grupo de amigos a la entrada de su cabaña. Después, con el cuerpo manchado y con una sonrisa de oreja a oreja, los romeros acuden al río Eume, para purificarse en sus aguas.
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