Minutos antes de las nueve de la mañana ya había una larga fila de empresarios que esperaban en Punta Arnela a la apertura de las mesas electorales. Se avecinaba una jornada de elecciones a la Cámara de Comercio de gran afluencia, aunque nadie sospechaba que iban a producirse las aglomeraciones que finalmente se formaron durante todo el día y gran parte de la noche.
La participación en los comicios de ayer, en los que la candidatura que respalda al actual presidente, Francisco Cruz, y la liderada por el ex alcalde de Narón, Xoán Gato, se disputaban el control del organismo, fue histórica. Si en las anteriores elecciones del 2006 se emitieron 684 papeletas con 957 votos, ayer, al cierre de esta edición aún no habían culminado las votaciones, y se habían contabilizado 2.014 papeletas, lo que supuso la mayor participación registrada hasta el momento por el organismo, con al menos una tasa del 11,8%.
Fueron, pues, los empresariosos protagonistas de una jornada caótica, en la que la mayoría tuvieron que esperar durante una media de dos horas -en algunos casos incluso más- para depositar su voto en las urnas. El enfado y la indignación fue la tónica general entre los electores, que reclamaban con insistencia que se habilitasen más mesas -funcionaron dos- para intentar agilizar el proceso.
«Es la tercera vez que vengo y ahora llevo aquí una hora y me tengo que marchar a abrir mi negocio», comentaba aún en la puerta de acceso al recinto un empresario, que finalmente, y pese a los intentos, no pudo ejercer su derecho a voto.
Para depositar la papeleta en la urna, los autónomos únicamente tenían que presentar su DNI, pero los titulares de sociedades estaban obligados a llevar las escrituras de la empresa y otra documentación adicional, en el caso de que fuesen apoderados. De ahí que la revisión de la documentación, junto con la elevada participación, ralentizase el proceso y suscitase el enfado generalizado de los empresarios y principalmente de los autónomos, que en muchos casos tuvieron que mantener sus establecimientos cerrados mientras aguardaban la cola.
«Es vergonzoso que nos tengan aquí y con nuestras empresas desatendidas», exclamó otra profesional en una fila que no dejó de crecer durante todo el día. De hecho, a las nueve de la noche, al cierre de las votaciones, la Cámara cerró la puerta exterior y aquellos que aún aguardaban fueron introducidos en la entrada e incluso se abrieron las puertas del auditorio para organizar una fila. La última persona en votar lo hizo pasadas la una de la madrugada. «Nadie se esperaba esta participación ni tampoco esta guerra de poder», comentó un hostelero.