La puesta en marcha del puerto exterior ha propiciado la llegada de carboneros más grandes a Ferrol; es el caso del «Aquajoy», donde viven y trabajan veinte hombres
LAS BODEGAS. El «Aquajoy» dispone de nueve bodegas para almacenar el carbón. En la imagen, una de las más pequeñas, con capacidad para 15.000 toneladas.
BAJO CONTROL. El capitán, Paulino Palmer, en el puesto del barco desde el que se controla la descarga de carbón. En esta ocasión, la operación duró siete días.
Paulino Paler es un filipino de 53 años, padre de tres hijos, y dueño de una pequeña granja en su país. Pero Paulino también es un veterano lobo de mar, que ve pasar la vida a través de un ojo de buey desde hace treinta años. Y por eso este hombre tiene dos vidas: la que disfruta junto a su familia dos o tres meses al año y la que le lleva a navegar por los mares del mundo el resto del tiempo.
La última vez que Paulino tocó tierra firme fue en Ferrol. Arribó al puerto exterior el pasado 11 de noviembre, a bordo del Aquajoy -el buque que se encuentra a su mando-, con 158.000 toneladas de carbón con destino a la central térmica de As Pontes. Siete días después, el pasado martes, él y toda su tripulación pusieron rumbo a Canadá para recoger mineral de hierro y llevarlo a Rotterdam. Después de eso, Dios dirá. Paler y sus hombres tendrán que ir a donde les mande el armador. «Lo único que sabemos es que vamos a estar seis meses navegando y que luego podremos volver a casa para dos meses; es una vida dura, pero ya estamos acostumbrados», explica el capitán de Aquajoy con exquisita amabilidad.
Lo que cuenta Paler resulta crudo, pero no menos que lo que sale de boca de otros miembros de la tripulación. Robert Bongcayao, primer oficial del buque, explica que tiene un hijo de tres años al que encuentra «muy cambiado» cada vez que regresa a casa. Pero el esfuerzo, advierte, merece la pena. Porque, como la mayoría de los filipinos que se enrolan en un barco, Bongcayao se hizo marino por un sueldo que es mucho más digno que los de su país.
«Aquí gano 6.000 dólares al mes, mientras que allí el salario medio roza los 600», apunta el primer oficial. Claro que las cifras también varían mucho según el escalafón que se ocupe en el barco. De los veinte hombres que forman la gran familia del Aquajoy , los que menos cobran son el limpiador y el camarero (1.200 dólares al mes) y los que más el capitán y el jefe de máquinas (en torno a los 7.000).
En cuanto al día a día, es bastante «rutinario». Los únicos que no tienen que trabajar cuando se pone el sol son los miembros de la tripulación que están en la cocina y en la sala de máquinas, mientras que al resto la faena les ocupa ocho horas al día, en turnos rotarios de mañana, tarde y noche. El tiempo que queda lo dedican a leer, ver la tele o hacer gimnasia. «Y el sábado por la noche... ¡fiesta y karaoke!», apunta Erwin Millares.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios