Investigadores del CSIC lo consideran el peor contaminante químico junto con el cobre que es muy abundante
31 ago 2009 . Actualizado a las 12:21 h.La cantidad de plomo que llega a través de ríos y vertidos a la ría de Ferrol es mayor de la que es capaz de eliminar enviándolo a mar abierto en las mareas. Esa es una de las conclusiones de los estudios elaborados por el grupo de Biogeoquímica Marina del Instituto de Investigaciones Marinas (IIM) de Vigo, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Los análisis fueron dirigidos por los profesores Ricardo Prego y Antonio Cobelo, ambos del IIM. Sus estudios estaban incluida en una serie de tres investigaciones sobre la ría que fueron coordinadas por el científico de la UDC Juan Ramón Vidal Romaní. Uno de los objetivos principales del IIM era estudiar la presencia de metales pesados en el brazo de mar de Ferrol.
Los métodos de investigación
Entre los años 2000 y 2002, los profesores Prego y Cobelo extrajeron dos cilindros de 158 y 178 centímetros de profundidad del fondo de la ría para analizar la composición histórica de los sedimentos y la presencia de metales pesados antes de la industrialización. Sacaron 37 muestras de un centímetro de profundidad de la superficie del fondo para analizar la situación actual. Tomaron siete muestras de agua en días distintos y en los diez principales afluentes que llegan a la ría para saber cuánto metal transportan. Y recogieron, en la zona de entre castillos en cuatro ocasiones separadas, muestras de agua de los ciclos mareales, con el objetivo de conocer cuánto metal pesado se lleva la marea baja y cuánto devuelve a su interior la alta.
En todos los estudios se analizó la presencia de cuatro metales: cadmio, cobre, plomo y zinc. Las conclusiones de los análisis indican que en el conjunto de la ría la contaminación por plomo es moderada y que la de cobre y zinc es grave. El cadmio, aunque no está tan extendido como el plomo, es abundante en algunos puntos y también es muy tóxico para el hombre.
Las concentraciones de metal
El mapa que acompaña esta información indica la presencia de esos y otros metales pesados en el fondo de la ría en el 2001. En algunos puntos las concentraciones son muy elevadas. El indicador «ausente o moderada» de un metal significa que su presencia llega a triplicar los valores originales de la ría (calculados con los dos cilindros de sedimentos). «Considerable» señala que las cantidades encontradas multiplican por entre tres y cinco las iniciales. Finalmente, «grave» indica una presencia que al menos quintuplica el valor primitivo.
Según el profesor Ricardo Prego, los metales más preocupantes en Ferrol son el plomo y el cobre. El primero es muy tóxico y difícil de eliminar. Abunda en las proximidades del puerto, de los astilleros y en el fondo de la ría. En esos puntos se llegan a quintuplicar las concentraciones primitivas de ese metal.
El problema del cobre
El cobre es menos tóxico que el plomo, pero «es muy abundante», afirma Prego que lo sitúa como el otro contaminante más peligroso en la ría.
El cobre está muy extendido porque un compuesto con ese metal se utiliza para eliminar los parásitos que se adhieren al casco de los barcos. Por ese motivo es «muy dañino para los organismos de pequeño tamaño», señala el investigador. Cerca de los astilleros, el puerto y Megasa, la concentración de cobre multiplica por siete los valores originales estimados por el CSIC.
La ría alberga 250 hectómetros cúbicos de agua. En cada ciclo mareal renueva un tercio de esa cantidad. Prego afirma que esa es «su mayor fortaleza», ya que con el agua se va también parte del metal pesado, que acaba en mar abierto. Pero no es suficiente. Las aguas que salen de la ría llevan más cobre, zinc y plomo que las que entran, aunque los vertidos de cobre llegan a compensar esa diferencia, y en el caso del plomo incluso la superan. Así, la ría solo pierde zinc y el plomo, al menos a primeros de siglo, se está acumulando.
Otro tanto se puede decir del cadmio, aunque el proceso es distinto. La ría no exporta ese metal, ya que las aguas que entran tienen concentraciones similares a las que salen. Eso quiere decir que el procedente de vertidos se está amontonando. Según el CSIC, los diez afluentes analizados llevan a la ría 13 kilos de cadmio al año, una cantidad menor al lado de los 1.375 kilos de plomo anuales calculados para los mismos puntos.