El váter de más de 100.000 vecinos

FERROL

La Voz recorrió el jueves los puntos de vertido que llevan los desechos de la mayoría de la población de Ferrol, Narón, Fene, Neda, Mugardos y Ares al gran brazo de mar

09 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Todos los vecinos han visto los vertidos, pero para el hombre de tierra la ría es enorme y las tuberías están lejos unas de otras. La perspectiva cambia desde una lancha. En el centro de la ría uno se ve rodeado de cañerías que expulsan sin cesar miles de litros de alimentos, heces, papel, orina... La basura de más de 100.000 vecinos de Ferrol, Narón, Fene, Neda, Mugardos y Ares. «Son miles de litros de... de pura mierda» resume Javier Mareque, coordinador de vigilantes del pósito de Ferrol. Con él y con el biólogo Felix Cerqueira, La Voz recorrió el jueves los principales puntos de vertido, causantes de una catástrofe que tiene en jaque el medio de vida de más de 700 familias de Ferrol: el marisqueo.

Mareque pilota la lancha. Es prestada, porque la que la Xunta cedió a la cofradía está en reparación de puro viejo. No hace falta ni salir de Curuxeiras para tener un primer aspecto del problema. «Ves las manchas blancas, eso son tuberías de vertido», señala Cerqueira. Todo el faldón del Arsenal está lleno de ellas. Son los pies de barro de la Ilustración. A través de ellas llegan a la ría los desechos de los váteres y fregaderos del casco histórico de Ferrol. Como en el puerto de A Coruña, como en muchas otras ciudades y pueblos gallegos, los mújeles se aprietan contra el caño. Para ellos siempre es la hora de la comida.

Las siguientes paradas son de otro estilo. Una es junto a Reganosa, donde faenan varias lanchas al lado de una gran mancha de espuma blanca y amarilla. «Es el producto con el que limpian el sistema de refrigeración», indican los mariscadores. Después, el dique próximo a Forestal del Atlántico. «Antes había un colector que dejabas ir las nasas y salían llenas de algo pegajoso. Quedaban inservibles», recuerda Javier Mareque.

El esfuerzo de las empresas

Cerqueira señala que las industrias han hecho un esfuerzo para adaptarse a las normativas y controlar sus residuos. «Incluso las que eran más contaminantes, como Megasa», subraya. Mareque cree que deberían ir más allá: «La ría reportó muchos beneficios a esas empresas, deberían invertir una parte para regenerarla, sería lo justo».

Además, sigue habiendo excesos. En Navantia Ferrol, la antigua Bazán, se usaron escombros de obra para encajonar un río.

El patrón mayor de Ferrol, José Luis Estévez, recuerda que lo hicieron después de que los mariscadores lo remontasen para coger muestras de agua. En ellas encontraron «ácido sulfúrico» de la galvanización de piezas. Ahora, con los escombros, no podrían repetir la hazaña.

Un auténtico pozo negro

En Caranza, el olor del colector junto a la Antonio de Escaño marea, provoca náuseas. La cañería expulsa sin cesar un líquido gris vomitivo más denso que el agua. La ensenada llena de cebo y berberechos en la que Mareque jugó de niño es hoy un pozo negro. Literalmente. Igual que A Gándara y A Malata.

Solo merodean tres gaviotas a la caza de algo sólido. El agua está cubierta de una película grasa y hay muchísimas partículas en suspensión. «No es solo que sean contaminantes -explica Cerqueira-, es que impiden el paso a la luz solar y alteran el ecosistema. Si el sol no llega hay menos vida».

En la playa de Caranza, los furtivos faenan cerca de otro colector. Mareque los echa con algunos gritos. El olor y el aspecto del agua echan para atrás. Entre esos hedores se celebró recientemente una competición internacional de triatlón.

Los mariscadores ríen al recordar la polémica de los informes de Sanidade acerca de la calidad de las aguas: negativo, positivo (oportunamente la semana de la competición), negativo...

Un reguero de agua sucia atraviesa la playa, un colector tiene pérdidas y el líquido maloliente brota en medio del arenal.

Junto a Astano, desembocan los dos grandes colectores que unifican las defecaciones de Fene. Increíblemente, la zona está catalogada B. El marisco allí recolectado puede ser vendido directamente tras la depuración normal. El de As Pías, un banco algo alejado, no. Es zona C y debe ser resembrado unos meses. Por cuestiones como esa, en las cofradías no cesan las dudas sobre cómo se decidió qué está muy contaminado y qué no.

Más arriba de As Pías todo empeora. Aquí los lodos se acumulan contenidos tras la presa artificial del puente. Los furtivos, de nuevo expulsados, faenan de pie en medio de la ría, a la vista de todo el mundo y en una zona íntegramente calificada C.

En los márgenes se acumulan toneladas de lodo que han sepultado viejos parques de almeja. Aún se divisan los muretes de piedra. Todavía más arriba el cieno está impregnado de metales pesados procedentes de la industria. En lancha no se puede seguir. Hay muy poco calado y la hélice golpea el fondo.

A la vuelta, Mareque sigue señalando puntos de vertido, uno tras otro. Una estimación de hace años cifraba en unas 90 las cañerías que desembocan en el brazo de mar de Ferrolterra. Por no hablar de todos los ríos naturales, que fueron utilizados para canalizar los residuos. Como el Sardiña, hoy una cloaca.

El lunes, los mariscadores pidieron ayuda a la nueva Xunta. La ría es un campo de batalla de intereses económicos, industriales, turísticos... y hasta hoy, los suyos han perdido siempre.