Zapatero niega la posibilidad de otra remodelación del Gobierno

Paula de Las Heras MADRID/COLPISA.

ESPAÑA

Afirma que la política penitenciaria con los etarras es parte de la estrategia antiterrorista para debilitar a la banda

31 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Zapatero negó ayer, por enésima vez, que ronde por su mente una remodelación ministerial y además descartó la posibilidad de verse abocado a un adelanto electoral ante la imposibilidad de sacar adelante los Presupuestos generales del Estado para el 2011 por falta de apoyos parlamentarios.

El presidente del Gobierno -que realizó en la Moncloa un balance de su gestión a lo largo del último semestre- aseguró al respecto que «existen condiciones para una actitud responsable de los grupos», lo que constituye un claro guiño a PNV y CiU, las fuerzas parlamentarias que, hasta ahora, han facilitado con su abstención la aprobación de las reformas económicas más polémicas. No en vano, Zapatero confesó tener la «tentación» de decir que los nacionalistas han hecho más por la estabilidad de España que el PP, pero se resistió y se limitó a agradecer su colaboración en tiempos difíciles.

Estrategia

Los acercamientos de presos etarras forman parte, según justificó ayer el jefe del Ejecutivo, de la estrategia antiterrorista. Defendió que la política penitenciaria que se aplica es exactamente «la misma» que se ha llevado a cabo «durante años», dentro de la «máxima legalidad» y con el «conocimiento de quien lo debía conocer». Las declaraciones del presidente llegaron como respuesta a las críticas de los últimos días.

Las noticias de los últimos movimientos de etarras a cárceles del País Vasco o cercanas a esta comunidad autónoma han provocado los primeros síntomas de resquebrajamiento de la unidad de PSOE y PP en la lucha contra ETA. Este hecho obligó a Zapatero a dar un salto cualitativo en sus ya conocidos análisis sobre la debilidad de la banda. Si el fracaso del «proceso de paz» lo llevó durante un tiempo a acompañar sus pronósticos esperanzadores de prudencia y prevención, en esta ocasión se mostró contundente. «En esta etapa final estamos ganando definitivamente la batalla».

Hace meses que el presidente del Gobierno se muestra especialmente proclive a reivindicar su labor en materia antiterrorista. Pero no solo la posterior a la voladura de la T-4 sino, quizá con más intensidad, la anterior, la del diálogo con ETA y Batasuna. «El proceso de paz fue un instrumento que, sin duda alguna, aceleró las condiciones para ganar esa batalla contra la violencia, debilitando de una manera clara sus apoyos y ampliando las voces y las apuestas políticas a favor de la erradicación de la violencia», se congratuló en su análisis semestral.

En todo caso, el presidente del Gobierno dejó claro que, una vez dado aquel paso y obtenida una respuesta decepcionante por parte de ETA, lo único aceptable es que abandone las armas. «Y que no espere nada a cambio -añadió-, nada».