La dignidad humana frente a los cálculos políticos

ESPAÑA

Si no fuera porque la sombra de la tragedia se acerca día a día, podría recurrirse al tópico cinematográfico de «el bueno, el feo y el malo» para identificar a los actores principales del drama que se está viviendo en Arrecife de Lanzarote. O, dicho de otra manera, la lucha en defensa de la dignidad humana que representa Aminatou Haidar frente al empecinamiento marroquí en pisotear los más elementales derechos humanos, y la incapacidad del Gobierno español para resolver un problema que ha generado por negligencia. Estas son las posturas de cada uno.

Haidar solo quiere volver a su casa. La activista pretende algo tan elemental como regresar a su hogar en El Aaiún y reunirse con su familia, como ha hecho sin problema las decenas de veces que ha viajado al extranjero y ha vuelto a su tierra. Un derecho fundamental que quiere ejercer sin ningún subterfugio, razón por la que rechaza las propuestas españolas de otorgarle la nacionalidad o el estatuto de refugiada política.

Marruecos se quedó con el pasaporte. Las autoridades marroquíes retiraron el pasaporte a Haidar cuando intentaba entrar en El Aaiún porque, en los trámites administrativos, la activista escribió en la casilla de nacionalidad el texto «Sáhara Occidental». Vulnerando la legislación internacional y en un ataque más a los derechos humanos, retiraron el pasaporte a Haidar, le prohibieron el paso y la devolvieron al avión en el que había llegado, imponiéndole una deportación inmediata y sin documentación para entrar en país alguno.

España, entre la negligencia y la inoperancia. Las autoridades aduaneras españolas cometieron un primer y grave error, además de una ilegalidad, al aceptar la entrada de Haidar sin pasaporte ni documentación, lo que solo se explica por negligencia o connivencia con Marruecos. En ese momento convierte en propio un problema que no le correspondía. Ni las supuestas buenas relaciones con Marruecos ni las presiones diplomáticas (muy suaves, para evitar que la cuerda se tense hasta romperse) sirven para que el país magrebí acepte el regreso a su casa, sin más, de la activista.